De lo sonorense a una sociedad multicultural/ Entrevista a Imanol Caneyada

Interesante lo que sucede con el nombre de Imanol Caneyada. La habilidad en su nombre y apellido. De pronto una nota nos hace saber que es referencia obligada de la literatura nacional y que surge desde nuestro estado que es Sonora. Poner en el mapa la producción literaria que emerge en esta región, no es cosa menor. Lo aplaudimos.

De pronto escuchamos comentarios maravillosos también sobre el talento de Imanol en la dirección teatral, junto con su dramaturgia, en una obra que lleva por nombre Naamu y el enigma de los yoris. La exploración de los temas que nos incomodan, porque indiferentes hasta la médula nos comportamos de manera constante.

Es un privilegio tener el talento de Caneyada al alcance de nuestras manos, en la cercanía de nuestras miradas. Hoy le toca ser parte del programa de la Muestra Estatal de Teatro 2017. Conversamos con él al respecto de lo que escribe y dirige:

—Imanol, Naamu y el enigma de los yoris: ¿cuáles son los objetivos que te planteaste al decidir entrarle a este proyecto del que eres dramaturgo y director?

—La idea era dirigirnos a un público familiar para hablar de cuestiones que nos parecen fundamentales en este momento: el hecho de que Sonora es una sociedad multicultural, que existen pueblos originarios a los que hemos borrado del mapa, a los que tenemos humillados, empobrecidos, incluso hasta alcoholizados y drogados, que esos pueblos originarios conviven con gente que ha venido de muchas partes del mundo para construir esta sociedad que identificamos de Sonora. Hablamos de chinos, por ejemplo, quienes también fueron perseguidos y expulsados de esta región; de centroeuropeos y franceses y gente del sur de México a la que tradicionalmente en este estado se les ha visto por encima del hombro y con cierta dosis de racismo, los guachos y expresiones así. Pero esta Sonora genéticamente blanca, con determinadas características que solemos asociar a lo sonorense, es un mito que no se sostiene: somos una sociedad multicultural.

Hablar de una sociedad multicultural implica sentarnos a dialogar y a negociar los espacios y la forma de vida que tiene cada uno de estos grupos culturales, que puede convivir en esta geografía. Esto es un poco la intención.

Hablando de la obra, Naamu es una niña yaqui que vive en La Matanza y que un buen día descubre que en el Vado del Río, donde tradicionalmente instalan su ramada (rituales de celebración yaqui en Cuaresma), han llegado unos hombres a construir un hotel. Esa es la premisa y a partir de ahí, echando mano de lo fantástico, de lo onírico y del juego teatral, vamos contando la historia de esta niña, de su abuelo y de estos yoris, que bueno, al ser una propuesta para teatro familiar, afortunadamente, a diferencia de la realidad, llegan a un acuerdo a través de estos valores que creemos fundamentales: el diálogo, el respeto y el conocimiento del otro.

—¿Qué significa Naamu?

—Significa nube, en lengua yaqui. Es el nombre de esta niña quien de alguna manera tiene elementos contradictorios, es una niña que al principio de la obra se ve que no conoce muy bien sus tradiciones. El abuelo se enoja con ella porque no entiende muy bien lo que él le quiere decir, lo que significa la ancestral cultura que tiene este pueblo y precisamente el enfrentar el mundo de los yoris que es muy agresivo, llegan con las máquinas a imponer: “Aquí vamos a construir un hotel les guste o no”. Esto también hace que Naamu, Nube, entienda quién es y de dónde viene.

—Tomando en cuenta que eres narrador, con una carrera vertiginosa de siempre estar ejerciendo, construyendo, ¿cómo le haces?, ¿cuáles son tus recursos?, ¿cuáles las estrategias para escribir dramaturgia? Porque no ha de ser fácil la diferencia que hay entre el género dramático y el narrativo.

—De hecho, fue difícil. Lo disfruté porque no solamente es este cambio de género como dices, sino también incluso el hecho de estar en un tono al que no estaba acostumbrado que es el teatro familiar. Normalmente en mis temas tiendo a lo oscuro, los escabroso, lo trágico y de pronto la esperanza.

Rosa Vilá Font directora de la compañía y quien tiene mucha experiencia trabajando con público infantil, me decía: no puedes renunciar a la esperanza cuando te estás dirigiendo a un público como este, tienes que dar herramientas para decir existe un futuro y hay que construir por estos caminos. El tono fue un desafío y el hecho de pasar a la narración y al mundo de los diálogos y las acciones, que podemos definir así a la dramaturgia.

Me sirvió el hecho de que (hace muchos años, cuando era joven) me dediqué al teatro, a la actuación, la dirección, coqueteé con algo de dramaturgia, aunque nunca en serio. Creo que desde esa formación teatral que tuve en esos momentos, sí tenía los elementos para entender lo que es un texto dramático, que se aleja mucho en efecto de lo que es un texto narrativo. Pero bueno, sobre el resultado, que el público diga.

—¿Qué es lo importante de la existencia de las muestras de teatro?

—La palabra lo define. Es la posibilidad, en una ciudad y en un estado donde es muy difícil sostener una temporada, larga, en donde es muy difícil apostarle a una producción y que esa producción llegue a mucha gente, por muchas circunstancias. La muestra es la oportunidad que tiene la gente, en un tiempo muy reducido y encapsulado, de aproximarse y hacerse una idea del teatro que se está haciendo en determinada región, en este caso Sonora. Pero también creo que debería ser un trampolín para que ese trabajo que se muestra pudiera tener más permanencia a través de temporadas más largas a lo largo del año, no solamente en Hermosillo sino en todo el estado, porque estamos hablando de muestra de teatro sonorense, a veces se nos olvida un poco esto, de los esquemas centralistas que repetimos una y otra vez, desde Ciudad de México y los reproducimos en los estados, se nos olvida que es muestra de teatro sonorense, me parece fundamental. Siento que la gente en Sonora, salvo públicos muy especializados que están pendientes, no sabe que se está haciendo buen teatro en la entidad. Creo que la gente sí tiene hambre de teatro, pero no sabe que existe y es un eterno problema de décadas; hemos logrado conectar quienes creamos, con los públicos.