FAOT 2016: Ópera para niños y El Arte del canto

Juan Arturo Brennan

La quinta jornada del FAOT 2016 se caracterizó, en dos de sus eventos destacados, por adoptar una clara postura didáctica. Coincidentemente, ambos espectáculos tuvieron lugar en el escenario del Palacio Municipal, uno a mediodía, el otro en el tradicional horario de las 20.00 de las Noches de Gala. A primera hora se presentó una función de ópera dedicada especialmente a los niños, que vinieron en buen número de varias escuelas de Álamos.

La oferta musical consistió en esa pequeña obra maestra de Manuel de Falla que es El retablo de Maese Pedro, pieza para músicos, cantantes y marionetas basada en un jocoso episodio del Quijote de Cervantes. Bajo la guía de Oswaldo Martín del Campo, este Retablo fue presentado con tres cantantes, dos tecladistas y video en vez del tradicional teatrino de marionetas. (No hay problema: el teatrino estaba en el video). De entrada, se aplaude la intención de presentar espectáculos operísticos para niños con la loable finalidad de crear nuevos públicos. Por otra parte, la idea de complementar la parte musical en vivo con un video es interesante no sólo por lo que significa como actualización en el uso de los recursos escénicos, sino porque supone la posibilidad de presentar este evento en espacios con pocos recursos específicamente teatrales. Así, el video (en riguroso blanco y negro y con numerosas referencias de estilo al cine mudo) es básicamente una sencilla representación de lo que se cuenta en El retablo de Maese Pedro, y funciona como un buen complemento narrativo para lo que los intérpretes cantan.

Es necesario agradecer a Oswaldo Martín del Campo y su equipo la actitud de ofrecer a los niños un espectáculo con buenas voces profesionales, contradiciendo así la costumbre, por desgracia muy extendida, que dice que “si es para niños, podemos poner a cantar a cualquiera”. Nada más lejos de la verdad: los niños merecen calidad musical desde sus primeros encuentros con la ópera, y en este caso para muestra basta el botón de que el rol de Don Quijote fue cantado por el bajo José Luis Reynoso, quien en 2014 fue ganador del Concurso Carlo Morelli. Previo a la representación de El retablo de Maese Pedro, el grupo hizo una breve introducción de las voces involucradas, con tres arias cantadas por los cantantes del reparto y las explicaciones correspondientes.

La pregunta que queda en el aire (y su respuesta es, ciertamente, necesaria para calibrar el éxito de esta propuesta) es hasta dónde los niños alamenses comprendieron lo más importante del espectáculo, es decir, la historia que se cuenta. Me lo pregunto por esta razón: es sabido que el tipo de emisión vocal en el canto operístico es tradicionalmente artificioso, y no propicia primordialmente que los textos cantados se entiendan aun cuando el texto que se canta esté en castellano. En este sentido, no sería mala idea hacer una especie de encuesta post-evento, no con los músicos, no con los críticos y cronistas, sino con quienes más importan en este asunto: los niños. Preguntarles si entendieron la historia, si entendieron lo que se canta, si aquello fue capaz de mantener su interés. Estoy seguro que de sus respuestas podrían surgir ideas nuevas para calibrar este buen Retablo de Maese Pedro y otros espectáculos afines.

En la Noche de Gala se ofreció un programa titulado El arte del canto, también con intención didáctica. El tenor Alfonso Navarrete fungió como narrador en un recorrido por algunos hitos de la historia de la música vocal, ilustrados por la mezzosoprano Mayté Cervantes, el tenor Luis María Bilbao, el bajo-barítono Guillermo Ruiz y el pianista Carlos Alberto Pecero. La región operística del repertorio estuvo cubierta por Bizet, Mozart y Verdi, y a partir de ahí, el programa transitó por la zarzuela (géneros grande y chico), la comedia musical, y la canción fina mexicana. Además de los solos de cada uno de los tres cantantes, al final del programa se presentaron algunos ensambles, que fue quizá lo que más complació al público.

Hay que decir que algunas de las obras programadas en El arte del canto ya habían sido cantadas en anteriores Noches de Gala, y que quizá por la cantidad y variedad de música ofrecida, algunas de las obras fueron cantadas con estilos que no necesariamente fueron los adecuados. La asistencia de público fue un poco menos numerosa que para otras Noches de Gala de este FAOT y, de manera análoga, la respuesta de los asistentes no fue homogénea a lo largo de la noche, lo que demuestra que algunas partes del programa fueron más atractivas que otras.

Un análisis retrospectivo del programa El arte del canto permitiría suponer quizá que uno de los elementos que pueden ser susceptibles de modificación y adecuación es el ritmo con el que se desarrollan y complementan las narraciones y las obras musicales. Como suele ser costumbre en muchas de las Noches de Gala, el público fue convocado a cantar en el encore ofrecido a cuatro voces por los protagonistas del concierto pero esta vez, a diferencia de otras noches, el respetable no lo hizo con particular enjundia o emoción.