Impresiona hallazgo en Sonora de cráneos deformes en cementerio de mil años de antigüedad

Arqueólogos e investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia, descubrieron en Ónavas, municipio ubicado en el centro-este de Sonora, el primer cementerio prehispánico registrado en el estado, proveniente del grupo Pima, cuya datación indica que tiene al menos mil años de antigüedad.

Este proyecto de investigación en esa zona del estado, surgió en el 2004, tras realizar una excavación de la que se obtuvieron cráneos, huesos, herramientas de piedra, algunos fragmentos de cerámica y concha, así como los esqueletos de un bebé y un adulto. Posteriormente, en el 2011, se recuperaron otros cinco entierros, pero los arqueólogos no se imaginaban lo que estaban por encontrar.

Tras una excavación más extensa, se obtuvieron cráneos con impresionantes deformaciones óseas que hacen pensar en cráneos de seres de otros mundos, y mutilación dental para afilar los dientes, prácticas culturales deliberadas que se han registrado en distintas épocas en Mesoamérica.

Cristina García Moreno, arqueóloga e investigadora del Centro INAH Sonora, explicó que este ritual de alterar la forma normal de la cabeza y dar un aspecto afilado a la dentadura, significaba un símbolo de belleza o poder, por eso solo la élite los practicaba. La mecánica para lograr estas deformaciones consistía en colocar a los niños una tabla en la frente y otra en la parte de atrás de la cabeza y apretarlas con vendajes, con el fin de que al crecer, el cráneo tomara una forma alargada. En el caso de la dentadura, expuso que la deformación consistía en el limado de las piezas, lo cual terminaba por hacer parecer más puntiagudos los dientes frontales.

Se tienen registros, a través de códices prehispánicos, de que en el centro de México, algunos integrantes de los pueblos autóctonos tenían el cráneo deformado; sin embargo, comentó la arqueóloga del INAH, en Ónavas se encontraron bastantes cabezas con esta característica, por lo que no se piensa en una migración, si no en una imitación.

“Lo que nosotros pensamos no es que los de Ónavas sean de Mesoamérica, o vengan migrando, si no que ellos están copiando este tipo de práctica cultural de los pueblos de Occidente, que es con quienes tienen contacto por las conchas, y al ser los de Occidente de mayor prestigio, aparentemente, ellos piensan que quieren ser una sociedad como esta”.

Durante cinco temporadas de trabajo de campo, se recuperaron más de 100 esqueletos humanos, de los cuales 59 tienen deformación de cráneo y 11 mutilación dental. Se encontraron enterrados con joyería como aretes o pulseras, elaboradas con conchas, que intercambiaban por maíz a los grupos de Guasave, además de fragmentos de cerámica.

El proyecto ya concluyó pero la investigación continúa porque siempre hay preguntas por responder, por tanto, este 28 de julio se inaugurará, en Ónavas, la exposición fotográfica sobre este trabajo arqueológico.