Los niños sí saben de ópera

El retablo de Maese Pedro provocó la ovación de chicos y grandes en el Teatro del Cobach este domingo; se trató de una de las primeras actividades en Hermosillo como subsede del FAOT 2016.

Por Karla Valenzuela Melisendra, esposa de don Gaiferos, permanecía cautiva por el rey Moro Marsilio; afortunadamente, su marido pudo liberarla, aunque esto le costara la persecución por parte de los moros.

De eso se trata la historia que cuentan los títeres de El retablo de Maese Pedro, pero en realidad el relato central alude a dos capítulos de Don Quijote en los que queda al descubierto la reacción del ingenioso hidalgo tras acudir a presenciar un espectáculo de titiriteros.

Se trata pues de una célebre ópera de Manuel de Falla adaptada totalmente para niños, de tal forma que se demuestre que para el arte, sea su forma de expresión cualquiera, no hay edad.

Y también se trata del evento formal con el que se inician actividades en Hermosillo como subsede del Festival Alfonso Ortiz Tirado 2016.

Ésta vez, el recinto donde se llevó a cabo esta presentación fue el Teatro del Colegio de Bachilleres, a donde desde poco antes de las 12:00 llegaron padres e hijos a pasar un rato particularmente especial este domingo.

Es cuestión de perderle el miedo

Oswaldo Martín del Campo, de Ópera Cinema, lo explicó desde el principio: no hay que temerle a la ópera; simplemente, hay que saber acercarse a ella.

“A veces la palabra ópera nos preocupa un poco, nos pone muy nerviosos y nos hace creer que debemos estar muy serios, pero no se preocupen, estoy seguro de que van a disfrutar mucho del espectáculo, va a ser un concierto muy ameno, entre amigos”, dijo el director de este proyecto, y una vez dejado claro que el público debía dejar atrás el miedo, comenzó la función.

Apoyados siempre con imágenes, con un pequeño cortometraje, a tres voces fue narrada este fragmento de Don Quijote -y también la de Melisendra-, con un bajo (José Luis Reynoso), un tenor (Juan Gallegos) y una soprano (Martha Llamas), acompañados siempre al piano por Sergio Guillermo Ruiz.

Y así, los inquietos niños se fueron tranquilizando y aplaudieron a la ópera con una singular emoción. Quedó dicho, sin duda, que el arte es para todos y que no hay pretexto para mantenerse alejado de él.