Mon Laferte: un concierto inscrito en la memoria colectiva para siempre

Álamos, Sonora, 22 de enero 2017.- Abarrotadas las localidades del majestuoso escenario. El Callejón del Templo de la ciudad de Álamos en contexto del Festival Alfonso Ortiz Tirado edición trigésima tercera.

Abarrotadas desde antes de la hora exacta para la cita, las 10:30 de la noche. Porque el programa de esta noche luce fuera de serie, inusitado, porque cuando la marquesina anuncia el nombre de Mon Laferte, las multitudes, jóvenes en su mayoría, se vuelcan al encuentro con el canto. Como ha ocurrido hoy.

Impresiona ver la capacidad de convocatoria. La respuesta del público cuando la invitación se inscribe desde el lenguaje universal que es la música.

No hay la espera de tercera llamada, desde la prueba de sonido, apenas al ponerse el sol, los espectadores acompañaron a la intérprete chilena. Desde la afinación de los instrumentos, el ejercicio de la voz, jóvenes aposentados en el más cercano lugar del escenario, aplaudieron, gritaron, la emoción como una muestra de gratitud.

Mon Laferte, lo marcó como un vaticinio, dijo, en rueda de prensa, la seducción que le resultaba el lugar que es Álamos, adonde quisiera volver para vacacionar. De ahí que, la conclusión, podría ser la entrega en su concierto, la potencia en su canto.

La música ha estado presente constantemente en mi vida –apuntó Laferte en ese camerino adonde se congregó la prensa-, primero por mi abuela, que era cantautora, cantora de boleros, de tangos, de música folclórica, y eso quedó en mi piel, en mi corazón, y entonces al momento de componer he pasado por diferentes estilos musicales, en esta búsqueda, desde la adolescencia, y con influencia de música extranjera también, pero al final uno regresa al origen”.

He vuelto a escribir mucho de la música que me recuerda a la infancia, creo que en su forma hay una comunicación, una conversación de aquella música del pasado que siento que está muy presente hoy, con sonidos actuales y con un poco de folclor, no solo chileno, latinoamericano, sino mexicano también, después de estar viviendo poco más de diez años en México ya también se ha hecho parte de mi lenguaje musical”.

Las canciones le nacen de manera diferente, “Por lo general agarro la guitarra y nace una melodía, después esa melodía me lleva a lo que quiero decir. A veces escribo canciones cuando estoy en carretera, por ejemplo paisajes como los que he visto hoy me inspiran muchísimo”.

Quizá los argumentos antes expuestos detonaron en la comunión entre espectadores e intérprete en esta noche de concierto en el callejón. Acontecimiento que permanecerá en la memoria colectiva.

Un concierto donde el calor humano fue fundamental. No puede haber mejor incentivo para un artista que el público agradezca la entrega y en ellos la inclusión del corear de sus canciones. Bailar, cantar, aplaudir, sentir.

Mon Laferte en su tesón ha encontrado la recompensa a la vocación que le llamó para trazar el rumbo de su vida.

Esta noche, en la ciudad de álamos, se ha inscrito un renglón más sobre los motivos por los cuales hay que seguir creyendo en la posibilidad de los sueños.

Miles de espectadores hoy alcanzaron uno de ellos: la convivencia con el talento, la complicidad, la conexión y la voz de Laferte.

Habemus FAOT. Para todos los gustos.