Rosa Vilá Font: una artista que adoptó a Sonora

Con una sonrisa de oreja a oreja, cabello rojo, sus sombreros divertidos, una nariz de payaso o un disfraz de vaca, Rosa Vilá Font es capaz de transportar a su público a un cuento urbano, a los paisajes de un relato en el campo o a un viaje bovino. Siempre a alguna aventura divertida para los pequeños de la casa.

Su rojo cabello y enorme sonrisa, son solo algunos de los elementos que la hacen única, pues con su carisma e inteligencia ha logrado un cambio en la forma de ver y sentir el mundo, de muchos pequeñines.

Rosa Vilá Font nació en un pequeño pueblo de Cataluña, por lo que se define como una española que hace diez años aterrizó en Hermosillo para quedarse. Desde entonces, ha trabajado arduamente en el ámbito del teatro y la interpretación por todo el estado, convirtiéndose en una reconocida sonorense por adopción.

Esta historia comenzó en su ciudad natal, cuando se encontraba en sexto año de primaria y se le impartió un taller de teatro, el cual despertó su interés y le hizo fascinarse con las reacciones del público. A partir de ello, comenzó estudios de historia y filosofía, hasta graduarse en Arte Dramático, con cursos y especializaciones en distintas escuelas de teatro de Girona, Barcelona e Italia, dedicándose a la narración para niños y adultos.

Sin embargo, la pregunta que siempre giró en su entorno era “¿y de qué vas a vivir?”. Por ello, compaginó una de sus grandes pasiones, la literatura, trabajando en librerías hasta fundar su propia compañía llamada “El colectivo de cuentacuentos Vadecontes”, o “Va de cuentos” en español, en el año 1999, fomentando la lectura desde distintos ámbitos.

“Si alguien quiere dedicarse a esto ¡anímate! Vive la experiencia de conocerse, porque eso es el teatro: conocerte y convertirte en muchos personajes, lo cual es atractivo y positivo, el hecho teatro y escénico es abrirse a la libertad de movimiento, de pensamiento”.

Y de pronto, cuando su compañía ya se asentaba, se atravesó México en su destino. Del Mediterráneo llegó al desierto de Sonora, su lugar de residencia del 2006 a la fecha, donde ha trabajado con internos de los Ceresos I y II, en talleres de expresión oral, un trabajo becado por el Departamento de Cultura de la Generalitat, de Cataluña, España.

“La fábrica de palabras”, “La vaca cantante”, “Afrodita, cuentos en femenino plural” y “Un mundo de cuentos”, son algunos de sus trabajos, pero quizá el más generoso de todos sea “Jarabe de cuento”, un proyecto de narraciones en hospitales públicos, cuyo fin es de lo más noble: provocar una sonrisa en aquellos que sufren o pasan un mal momento.

Hasta hoy, Rosa Vilá se ha centrado en hacer presentaciones de cuentos y obras de teatro dirigidas a niños y jóvenes, para hacerlos ver el mundo de otras formas, abriendo puertas que lleven a otras realidades, y lograr que de esa manera que las personas aprecien las artes, conozcan otras realidades y formas de pensar.