Jorge Álvarez Máynez: “No quiero ser el Samuel García dos”

15 de enero de 2024

Jorge Álvarez Máynez, con 38 años de edad, ha de convertirse en el improvisado candidato presidencial más jóven de la historia política de México. Las circunstancias lo han colocado como el sustituto de Samuel García, gobernador de Nuevo León.

Sin embargo, el zacatecano no busca ser la sombra de quien lo destapó como presidenciable. Manteniendo la estrategia del fosfo fosfo y “lo nuevo” apuesta por imprimir su sello propio a la campaña que iniciará el próximo 1 de marzo. Sabedor de que está destinado a perder, también sabe que como en el fútbol, en la carrera por la silla presidencial el último minuto también tiene 60 segundos.

Deberá concatenar toda una estrategia contrareloj para darle alcance a sus dos rivales: Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez, las candidatas del oficialismo y del frente opositor, respectivamente, quienes le llevan meses de ventaja. El escenario es adverso, pero entiende que en la política todo cambia. En cuatro meses deberá llegar a una parte de los 126 millones de mexicanos que por ahora no le conocen.

La mediciones internas del partido indican que arranca con el 12% de la preferencia, pero con la fe puesta en dar un giro de tuerca que lo lleve a ser el ganador que nadie esperaba en la contienda presidencial.

El aún coordinador de la bancada naranja en la Cámara de Diputados, quien analiza si pedirá o no licencia como legislador federal, es consciente de la difícil tarea que le ha encomendado la cúpula del partido en el que milita desde hace ocho años.

Ha sido designado por unanimidad y sin competencia como candidato único tras la fallida postulación del neoleonés, la carta más fuerte que tenía el emecismo para buscar la presidencia de México. Con la desventaja que le representan un proceso interno, una precampaña y con una escasa popularidad.

 

Su postulación se convirtió en una posibilidad, incluso antes de que el mismo gobernador de Nuevo León se enrolara en el proceso electoral y de que el excanciller Marcelo Ebrard rechazara la candidatura. La “extorsión” de la oposición en el Congreso del Estado estaba contemplada, no fue una sorpresa señala en entrevista con EL PAÍS. Aunque para el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro sí ha sido motivo de asombro su postulación. El descontento del mandatario estatal no es una carta que Máynez quiera dejar revoloteando, está dispuesto al diálogo, le ha extendido la mano a su correligionario para persuadirlo de borrar la línea divisoria que ha dibujado entre él y el partido.

El objetivo, además del incierto triunfo electoral, es posicionar al partido naranja como una de las principales fuerzas políticas en el Congreso mexicano, lo que no se podría lograr de ir en alianza con PAN, PRI y PRD. La apuesta para alcanzar a sus adversarias en la avanzada carrera por la silla presidencial es el desgaste tras meses de exposición; con la esperanza de emular lo ocurrido en otros países de Latinoamérica: en Argentina con Javier Milei o en Chile con Gabriel Boric.

El zacatecano se ha instalado en las oficinas que antes de su renuncia fueron habilitadas en la Ciudad de México para ser el centro de operaciones del partido y del gobernador de Nuevo León como candidato presidencial durante este proceso electoral. También las ha heredado. Máynez no cree que su eventual triunfo y la conclusión del Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador representen un cambio para el país, pero sí “la revolución de las conciencias” como ha referido el investigador Mauricio Merino, frase que ha acuñado el presidente mexicano.

Acabar con los “extraterrestres políticos”, una campaña sin ofensas a sus contrincantes, ni contra al primer mandatario, es el sello que busca imprimir el emecista. En tanto, la guerra sucia que ya vislumbra, aún no le roba la paz. Consciente de que ha cometido errores está listo para afrontar su pasado, aunque seguro, dice, de que no existe nada que condicione sus aspiraciones políticas.

Convencido de que el peor error que ha cometido en colectivo fue solapar la alianza con el PAN en 2018, rechaza categóricamente un posible acuerdo con la coalición Fuerza y Corazón por México en este proceso. El plan B del abanderado presidencial que ha de oficializar su registro ante el Instituto Nacional Electoral en febrero próximo no es una curul o escaño en el Congreso. Su esposa Sara y sus hijos Luciano y Constanza son su prioridad frente al escenario de una derrota el próximo 2 de junio.

El País

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