La delicada ofensiva de Drake Maye no pudo contrarrestar la agresiva defensa del Sam Darnold, dándole así la victoria a los Seattle Seahawks, en el Super Bowl LX en Santa Clara, California.
En un contexto de venganza histórica, los Seahawks se coronaron como indiscutibles campeones del evento del año, con un aplastante victoria de 29 puntos contra 13 en el Levi’s Stadium.
Esta edición fue un duelo de estrategias donde las defensivas consolidaron un punto de inflexión en la partida. Aunque los Seahawks lograron mover el balón con rapidez, la unidad defensiva de los Patriots cerró los espacios de definición, limitando el daño inicial a apenas tres puntos tras la patada de salida.
El mariscal de Nueva Inglaterra, Drake Maye, sufrió ante el asfixiante esquema de Mike Macdonald, siendo derribado constantemente por la línea frontal de Seattle. Sin embargo, Sam Darnold a pesar de contar con receptores desmarcados, la imprecisión en sus envíos y el acoso de la defensa rival frenaron lo que pudieron ser series de anotación.
La ofensiva terrestre de Seattle brilló momentáneamente con acarreos explosivos. No obstante, la presión constante y coberturas casi perfectas de de los patriotas, obligaron a Seattle a conformarse únicamente con goles de campo, cerrando la primera mitad con una ventaja de 9-0.
Iniciado el tercer periodo, los Seahawks intentaron imprimir mayor dinamismo, pero la resistencia de los Patriots se mantuvo firme, obligando a Mayers a entrar por cuarta ocasión para estirar la diferencia a 12-0.
Tras un intento de remontada, los Patriots sucumbieron ante sus propios errores. El punto de quiebre ocurrió cuando Julian Love interceptó un pase clave, permitiendo que Jason Mayers lograra un récord histórico de puntos en un Super Bowl.
La derrota se selló con un error provocado por Devon Witherspoon. Pese a un último descuento de Stevenson, los Seahawks aseguraron la victoria y cobraron su esperada revancha, alzándose con el campeonato.



