La Asamblea de Expertos de Irán nombró oficialmente a Mojtaba Jameneí como el nuevo Líder Supremo, sucediendo a su padre, el ayatolá Alí Jameneí, recientemente asesinado en una ofensiva aérea.
El nombramiento de Mojtaba, de 56 años, rompe con la promesa revolucionaria de 1979 de evitar sucesiones hereditarias, reflejando un cierre entre los clérigos de alto rango y la Guardia Revolucionaria ante los constantes ataques de Israel y Estados Unidos.
A pesar de haber operado durante años en las sombras coordinando operaciones militares y de inteligencia, el nuevo líder posee el rango de ayatolá y mantiene vínculos estrechos con los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica, quienes lo consideran su candidato ideal para mantener el control férreo sobre el sistema.
Su ascenso se produce en un momento de tragedia personal y política, ya que el gobierno iraní confirmó que los recientes bombardeos no solo cobraron la vida de su padre, sino también la de su esposa, su madre y uno de sus hijos, lo que añade una carga de tensión extrema a su llegada al poder.
Desde Washington, el presidente Donald Trump manifestó su rechazo ante la designación del nuevo clérigo al mando de la República Islámica, sugiriendo que la Casa Blanca no ve en él a un interlocutor que facilite la distensión en el corto plazo.
Durante una entrevista con el diario New York Post, el mandatario estadounidense fue tajante al ser cuestionado sobre el perfil del sucesor y el futuro de las operaciones militares en territorio iraní.
«No estoy contento con él», declaró Trump al ser consultado sobre si el nuevo líder iraní representa ahora un objetivo militar para Washington.
A pesar de la confrontativa, el presidente Trump aclaró que, por el momento, no se encuentra cerca de ordenar una ofensiva terrestre en Irán, desestimando las especulaciones sobre un despliegue de tropas para controlar instalaciones nucleares.



