La historia de Lupita Ureña es la de una mujer que ha dedicado gran parte de su vida a ayudar a los perros en situación de calle apoyada en el colectivo Kuaan Mani, que significa: “Amar”. Su labor comenzó hace ocho años cuando recibió a una perrita atropellada y en muy malas condiciones llamada Genoveva.
Aunque al principio no tenía experiencia en rescate animal, decidió brindarle hogar temporal y atención, lo que marcó el inicio de su compromiso con los animales.
“Entonces ahí comencé con nula experiencia, pero con muchas ganas, entonces conforme pasaron los días y que vi cómo se iba recuperando, se me hizo algo maravilloso, se me hizo magia, y a partir de ahí le seguí”, contó.
Con el paso del tiempo comenzó a alimentar perros callejeros, atender pequeñas camadas y llevar a esterilizar a varias perras con recursos propios, en una época en la que la promoción de la esterilización era mínima.
Lupita Ureña, fundadora de la organización Kuaan Mani, explicó que su trabajo como rescatista también es un homenaje a su padre, quien le inculcó desde pequeña el amor y respeto por los animales. Recordó que en su familia siempre hubo perros y que su padre les enseñó a cuidarlos con responsabilidad, reconociendo que son seres que sienten.
A pesar de enfrentar dificultades personales, como la pérdida de la vista en su ojo derecho, Ureña asegura que su compromiso con los animales no se ha detenido.
“Y a pesar de eso pues yo no he parado. Al principio sí, o sea cuando supe, cuando me dieron el diagnóstico, cuando me pasó pues estaba yo muy mal, deprimidísima, pero pues lo mismo me sacó adelante. Los perros, tanto los míos como tanto perrito necesitado, tanto callejerito, pues no pude parar, tuve que seguir”, afirmó.
Finalmente, Lupita Ureña, recalcó que seguirá adelante mientras pueda ayudando a todo perrito que lo requiera y ello lo hace convencida de que esta labor no puede detenerse.



