El huracán Polo tocó tierra a la medianoche del lunes como categoría 2 en la localidad de Las Barrancas, municipio de Comondú, dejando un saldo blanco en Baja California Sur tras un resguardo preventivo de la población. Durante las primeras horas de este martes, el sistema degradó a categoría 1 y avanzó hacia el estado de Sonora, estimándose un segundo impacto entre las 8:00 y 9:00 horas en las inmediaciones del puerto de Guaymas.
Durante la conferencia matutina en Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo hizo un llamado a los habitantes de Guaymas y zonas aledañas a permanecer resguardados ante la llegada del fenómeno meteorológico, al tiempo que reconoció la respuesta de la ciudadanía en Baja California Sur por atender las recomendaciones de protección civil.
«Aun cuando es categoría 1, es importante resguardarse», enfatizó la presidenta.
En enlace remoto, la titular de la Coordinación Nacional de Protección Civil (CNPC), Laura Velázquez Alzúa, informó que las afectaciones en Baja California Sur se limitaron a anegaciones viales a nivel de banqueta, escurrimientos, encharcamientos e incidencias menores como caída de árboles y ramas en Comondú, Mulegé y Loreto. La funcionaria confirmó que los servicios básicos de agua potable y energía eléctrica operan con normalidad en los municipios afectados, permitiendo que cerca de 700 personas albergadas en refugios temporales inicien el retorno a sus hogares durante el día.
De acuerdo con el reporte del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) de las 6:00 horas, el centro del huracán Polo se localizaba a 105 kilómetros de Loreto y a 145 kilómetros de Guaymas, registrando vientos máximos sostenidos de 120 km/h. La CNPC mantiene comunicación continua con el gobierno de Sonora para supervisar los protocolos de resguardo y las medidas preventivas implementadas en la franja costera.
En lo relativo a la cuenca del Pacífico, la CNPC detalló que la tormenta tropical Rachel continúa su desplazamiento de manera paralela al territorio nacional, internándose gradualmente en aguas del Océano Pacífico a una distancia de 430 kilómetros de las costas del país, sin representar riesgos directos de impacto sobre la franja continental.


