Creo en vampiros

Me encontraba en carretera cuando comenzó a sonar la canción Ornithology de Charlie Parker. Estaba escuchando una versión en vivo, que incluía aplausos, susurros y gritos del público, cosa que me provocó pensar cómo se sentiría haber estado ahí, dentro de esa intimidad que caracteriza a los álbumes en vivo de jazz. Después de ese pensamiento, me invadió otro que ya me había visitado en otras ocasiones; el talento. De forma general, el talento es concebido de diversas formas por las personas. Algunos piensan que el talento proviene de algo nato, inseparable de la persona. Otros, piensan que se debe al esfuerzo individual, adjudicado a un sacrificio constante y que pocos están dispuestos a pagar (estos son los más intolerables). Unos consideran que se podría tratar de suerte, como estar en el lugar correcto, con las personas correctas. Las mentes más conciliadoras podrían decir que estos tres elementos  confluyen en el desarrollo del talento; una predisposición a desarrollar una habilidad, con trabajo duro y un poco de suerte suena como una fórmula coherente.

Igual, se podría decir que la mayoría de las personas  reconocen que tienen talento para algo, pero no estoy hablando de ese talento. Estoy hablando de esas personas excepcionales que cambian el transcurso de la vida, de aquellos que revolucionan con sus palabras y acciones la forma en la que percibimos nuestra realidad. Para esos, tengo una mejor hipótesis, y eso es que, seguramente, se trata de que hay vampiros entre nosotros.

No es una idea original. La película Sólo los amantes sobreviven (2013) de Jim Jarmusch, propone esto de forma extraordinaria. Tom Hiddleston y Tilda Swinton, son dos vampiros llamados Adam & Eve, los cuales tienen 500 y 3000 años, respectivamente. En este largo periodo de tiempo, ambos han podido desarrollar habilidades científicas, musicales y literarias. En el caso de Adam, un vampiro suicida, tratamos con un virtuoso musical, manifiesto en su dicho de haberle enseñado a Schubert un Adagio que lo llevó al estrellato. También, es una suerte de genio científico, diseñando su propia bobina de Tesla, del cual era amigo, para sustituir el motor de su carro y para tener energía eléctrica en su casa. Eve, por otro lado, en el transcurso de la película, la podemos ver con diversos libros; La Broma Infinita de David Foster Wallace, Los Pequeños Poemas de Ramón de Campoamor, entre otros. Los lee en sus idiomas originales y los devora como si no fuera inmortal. El conocimiento del arte de Eve es inmensurable y parece admirar, de forma excepcional, a un vampiro con el cual convive en la ciudad de Tánger, al cual se le atribuyen todos los escritos de Shakespeare. En la realidad, ya existen dudas sobre la autoría de las obras de Shakespeare, incluso, el personaje del vampiro se llama Cristopher Marlowe, homónimo a un dramaturgo y poeta del Siglo XVI, del cual existen teorías de que él era el verdadero Shakespeare.

La película nos habla sobre vampiros que, por años, han influido en la humanidad dotándolos de bella música, literatura prodigiosa y herramientas tecnológicas equivalentes a magia. Nos da una respuesta a cómo es posible que exista esa enormidad en una persona que cuenta con pocos años, poca experiencia, y un cuerpo y mente finita. Paganini era un violinista consolidado a los 12 años, lo que hizo que se esparciera el rumor de que le había vendido su alma al diablo, Da Vinci sobresalió en 12 campos del conocimiento, Galileo Galilei inventó la balanza hidrostática a los 19, y así, hay un sinnúmero de personas, que, con pocos años en este plano existencial, les bastó para cambiar el mundo. La obra de Jim Jarmusch nos brinda una respuesta más creíble sobre el talento, porque, hay que ser sinceros, es más probable que un niño de un año y medio que toca el piano (sí, hay video), sea un vampiro o un vampiro le ayude, a que simplemente haya nacido con el don.

Por eso, cuando pienso en William Blake, creo en vampiros. Por eso, cuando leo a Cormac McCarthy, creo en vampiros. Por eso, cuando escucho a Miles Davis, creo en vampiros. Por eso, decido creer en vampiros.

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