Hay lugares donde no solo se sirven tragos… se sirven historias.
Y en Álamos, si esas paredes hablaran, seguramente pedirían otra ronda.
Ese lugar es el Club Álamos.
Aunque su fachada de adobe haga pensar que es colonial, la verdad es que nació en 1915 —probablemente como fábrica de zapatos— y terminó convirtiéndose, en 1965, en la cantina más antigua que sigue abierta en la Ciudad de los Portales.
El cronista Juan Carlos Holguín cuenta que durante muchos años fue territorio exclusivamente masculino.
Un club donde la barra —una joya de casi noventa años traída de otro club social— escuchó más secretos que cualquier confesionario… y seguramente los guardó mejor.
Aquí sobrevivieron las modas, las crisis… y hasta las promesas de “nomás una”.
Ni siquiera la inundación de 2008 pudo con el Club Álamos.
“Nace como una cantina para hombres, no para mujeres, pero hacían bailes, por ejemplo, de Año Nuevo… Era como un salón de eventos, más para hombres porque tiene billar… Es la cantina más antigua que esta en funciones en Álamos”.
Hoy, el Club Álamos vive un renacimiento. Nuevo mural, pisos relucientes y mesas donde se comparten momentos.



