Una carga laboral excesiva, pocas horas de sueño y la falta de interacción social fueron los detonantes de un diagnóstico de depresión, ansiedad e ideación suicida que acompañó a Gabriel durante dos años. Con 25 años, estudiaba psicología mientras trabajaba como auxiliar de enfermería en un hospital privado.
‘’En ese tiempo vivía solo, no tenía acompañamiento, simplemente era trabajar hasta 18 horas, llegar a mi casa después de una hora de viaje, para descansar como tres o cuatro horas y otra vez levantarme para poder hacer mis actividades’’, detalló.
Aunque se mantuvo funcional, gradualmente perdió interés en sus actividades —especialmente en el trabajo— mientras aumentaban sus pensamientos suicidas, que veía como una «solución rápida» a su agotamiento.
‘’No sucedió ninguna perdida en mi vida para que yo cayera en depresión, simplemente caí en una tristeza en la que no encontré acompañamiento, creció el sentimiento de soledad y así todo fue deteriorándose cada vez más, también sentía que no progresaba’’, dijo.
El contexto laboral agravó su situación: atendía a pacientes con cáncer terminal en el área de oncología. Admitió que eso influía en su estado de ánimo y en ocasiones se sentía culpable por estar triste o invalidaba sus sentimientos comparando su situación con los pacientes.
Durante casi dos años, Gabriel enfrentó su depresión en silencio. No fue hasta avanzados semestres de su carrera que buscó terapia. Siguió las recomendaciones de su terapeuta, incorporó ejercicio, lectura y vida social a su rutina, y dejó el hospital por un trabajo menos demandante.
Profesiones de alto riesgo
Brenda Barajas, especialista en prevención del suicidio, señaló que los profesionales de la salud —médicos, enfermeros y psicólogos— son los más vulnerables a cuadros de depresión y ansiedad.
“Hay profesiones que manejan niveles de estrés muy altos por la demanda de trabajo, entonces esto agudiza toda la sintomatología que ya traían, cuando la persona llega a su límite, solo piensa en terminar con todo el dolor que siente entonces la muerta es una alternativa”, mencionó.
‘’Hay profesiones que son de alta demanda y estas profesiones por la carga de trabajo, pocas horas de sueño y altos niveles de estrés que manejan, altas demandas por parte de los superiores también, los profesionistas llegan con cuadros de mucha ansiedad, que si no tienen una red de apoyo para resolver esto que están viviendo pueden llegar a sentir que la vida no tiene sentido’’, comentó.
Cifras alarmantes
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el suicidio es la segunda causa de muerte en universitarios de 19 a 25 años, con 8.5 por ciento del total. En 2021, un estudio de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) reveló que el 58.5 por ciento de los estudiantes de medicina presentaban ansiedad; 26.8 por ciento, depresión y 39.6 por ciento, conductas suicidas, cifras muy superiores a las de otras carreras.
Las tres profesiones con mayor riesgo
De acuerdo con un estudio del Hospital Central de Nueva York, en Estados Unidos ocurren de 28 a 40 suicidios entre cada 100 mil médicos, el doble que en la población normal.
En México, como lo reportó una investigación de la UNAM, uno de cada 10 estudiantes de Medicina ha intentado quitarse la vida. Esta situación se replica en otros países.
En 2024 la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) dio a conocer que en el sexenio anterior el suicidio de militares aumentó en un 36.31 por ciento. Reveló que los problemas de pareja o económicos, así como trastornos mentales por las operaciones militares, fueron los principales motivos que llevaron al suicidio a 94 elementos del Ejército.
De acuerdo con los datos del Centro para el Control de Enfermedades de los Estados Unidos, en 2021, la tasa de suicidio de odontólogos fue 1.67 superior a la del resto de la población, por altos niveles de estrés y excesiva de carga laboral.
Edad crítica y recomendaciones
José Luis Garibaldi, director de Salud Mental en Sonora, explicó que el rango de 25 a 40 años, que es una etapa de decisiones cruciales y autoexigencia, concentra las tasas más altas según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
‘’Es importante tener claro que la sensación de estrés laboral es una amenaza, es por ello por lo que debemos trabajar en eso, recordar que somos capaces, suficientes y al mismo tiempo recordar que todo lo que vamos a resolver en todos los contextos de la vida lo vamos a hacer en grupos, nunca estamos solos’’, mencionó.



