El Ministerio de Deportes de Irán confirmó la baja definitiva de su selección nacional para el Mundial 2026.
La decisión es fundamentada por la crisis derivada de los ataques ejecutados por Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero, donde fue asesinado el líder supremo Alí Jameneí.
El gobierno iraní calificó como «imposible» la presencia de sus atletas en territorio estadounidense, citando las miles de bajas civiles recientes y la falta de garantías tras la ofensiva militar.
Este retiro se produce pese a los esfuerzos diplomáticos de Gianni Infantino, presidente de la FIFA, quien se reunió con Donald Trump para gestionar la emisión de visados para el equipo técnico y los jugadores. No obstante, las restricciones de entrada impuestas por el mandatario estadounidense a la afición iraní por «seguridad nacional» terminaron por demeritar las negociaciones.
La renuncia no solo tiene implicaciones políticas, sino también graves consecuencias financieras y deportivas para Teherán:
Pérdidas económicas: Irán deberá reembolsar 1.5 millones de dólares destinados a su preparación y renunciar a los 10.5 millones que la FIFA otorga a cada participante.
Sanciones disciplinarias: El Consejo de la FIFA evalúa medidas que podrían incluir la exclusión de Irán de futuras competencias internacionales.
Crisis interna: El anuncio coincide con la deserción de seis integrantes de la selección femenina en Malasia, quienes solicitaron asilo en Australia tras una polémica por el himno nacional.
Con esta decisión, el Mundial 2026 pierde a uno de sus competidores clasificados, mientras el fútbol se convierte en otro frente de batalla dentro de la escalada de tensiones en el Medio Oriente.



