El territorio mexicano se prepara para el ingreso de la canícula, el periodo más caluroso y seco del año. De acuerdo con el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), este fenómeno meteorológico, también denominado «sequía de medio verano», se intensificará a partir del lunes 3 de julio, abriendo paso a un periodo aproximado de 40 días de altas temperaturas extremas que pondrán a prueba la infraestructura y la resiliencia del país.
A diferencia de otros años, los pronósticos del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) sugieren que la canícula de este verano de 2026 será inusualmente severa. El principal detonante detrás de esta anomalía es el desarrollo de un intenso ciclo del fenómeno climático de «El Niño», caracterizado por el calentamiento prolongado de las aguas ecuatoriales del Océano Pacífico. Al respecto, datos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) sitúan a este ciclo entre los más potentes registrados en las últimas décadas. Su efecto directo en México consiste en un bloqueo de las corrientes de viento que transportan humedad hacia el continente, disminuyendo drásticamente las lluvias y disipando la nubosidad en los meses típicamente más cálidos. Esta combinación de factores permitirá que la radiación solar golpee el suelo con mayor potencia, empujando los termómetros por encima de los 35 grados Celsius en gran parte del país, con picos que podrían alcanzar rangos de entre 45 y 50 grados Celsius en las regiones más vulnerables.
En materia de infraestructura hídrica, la falta de precipitaciones acelerará el descenso en los niveles de almacenamiento de ríos, lagos y presas. La Comisión Nacional del Agua (Conagua) mantiene un monitoreo constante ante el riesgo de que el estrés hídrico alcance niveles críticos en varios puntos del territorio, lo que podría derivar en esquemas de racionamiento de agua para el consumo humano, el ganado y los sistemas de riego.
De manera paralela, el sector agropecuario nacional enfrentará condiciones hostiles por la sequía prolongada. La pérdida latente de cultivos de temporal y el impacto en la ganadería amenazan con mermar la producción de alimentos, lo que a su vez prefigura incrementos en los costos de los productos de la canasta básica y problemas económicos para los productores. Asimismo, la presencia de vegetación seca, sumada a la baja humedad y los vientos secos, incrementa de manera sustancial la probabilidad de incendios en zonas boscosas y selvas, lo que pone en riesgo la biodiversidad y provoca daños ambientales significativos.
En materia de salud pública, las autoridades sanitarias alertan sobre un posible incremento en los casos de deshidratación, enfermedades gastrointestinales y golpes de calor, especialmente en infantes, adultos mayores o personas con padecimientos crónicos. Para mitigar estos riesgos y responder ante una temporada que se perfila histórica, los gobiernos locales contemplan el despliegue de campañas de concientización y la habilitación de refugios climáticos comunitarios.
Los especialistas recomiendan a la población adoptar de forma estricta pautas de autocuidado enfocadas en asegurar una hidratación constante mediante el consumo regular de agua purificada a lo largo del día, evitando el uso de bebidas alcohólicas o azucaradas que aceleran la pérdida de líquidos. Asimismo, se aconseja restringir al mínimo las actividades físicas extenuantes al aire libre y la exposición directa a los rayos del sol durante las horas de mayor radiación, típicamente comprendidas entre las 11:00 y las 16:00 horas. Para quienes deban laborar o transitar a la intemperie, resulta indispensable la aplicación periódica de protector solar de amplio espectro, así como el uso de prendas ligeras de colores claros, gorras o sombreros.



