La plataforma digital Google Earth actualizó sus imágenes satelitales del territorio de la Franja de Gaza, mostrando la magnitud de la destrucción en los 365 kilómetros cuadrados del enclave palestino tras meses de operaciones militares israelíes que han reducido a escombros la mayoría de las viviendas, hospitales y centros educativos.
La actualización de la herramienta permite constatar visualmente el impacto sobre una de las zonas con mayor densidad poblacional del mundo, en un contexto donde el gobierno israelí mantiene la restricción de acceso a periodistas extranjeros, investigadores independientes y organismos de derechos humanos dentro del territorio.
De acuerdo con datos del Centro de Satélites de las Naciones Unidas (UNOSAT), más del 90 % de las unidades habitacionales y el 82 % de las estructuras en la Franja registran daños o destrucción total. Asimismo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el 90 % de las instalaciones hospitalarias ha sufrido afectaciones directas, mientras que organismos de rescate como la Cruz Roja reportaron previamente la disponibilidad de una sola maquinaria pesada funcional para labores de desescombro en toda la zona.
Informes recientes de la Organización de las Naciones Unidas concluyen que el territorio enfrenta la crisis económica más severa de su historia, con una tasa de desempleo que alcanza al 90 % de la población en edad laboral, una caída del producto interno bruto anual per cápita a 212 dólares y la parálisis del 94 % de la actividad agrícola e industrial, quedando accesible únicamente el 1.5 % de la superficie cultivable.
Los reportes técnicos estiman la existencia de aproximadamente 60 millones de toneladas de escombros repartidos a lo largo de la Franja de Gaza. Especialistas internacionales calculan que las labores para retirar el material acumulado podrían extenderse por décadas, o reducirse a un periodo de siete años en caso de desplegar los recursos logísticos necesarios.
Equipos forenses locales señalan que la falta de insumos para pruebas de ADN ha impedido la identificación de cientos de cuerpos recuperados entre los restos de las edificaciones, contabilizando al menos 1,129 personas sepultadas sin identificar. Paralelamente, las Naciones Unidas han reiterado el llamado a permitir el ingreso de investigadores internacionales para documentar posibles violaciones, mientras familias desplazadas continúan pernoctando en estructuras colapsadas que registran derrumbes recurrentes.



