Voces en el viento: Día dos en el Ortiz Tirado

22 de enero de 2023

por Río Silba

 

sobre ciertos eventos que ocurrieron

el 21 de enero de 2023

en Álamos, Sonora

 

Los ojos de las cámaras rodean en semicírculo

una tela color guinda que cubre un objeto reverenciado

en uno de los pasillos del Palacio.

Escuchamos el mensaje:

entrega a su honesto profesionalismo

y se devela la placa dedicada a Magali Romano.

Con el caer de la tela guinda

se comprueba el aprecio de sus colegas

ante el calor de los aplausos.

En la placa, un espejo rodea su nombre

donde se refleja la perpetua evaluación

de nuestra entrega, la responsabilidad

de quienes aún invertimos el aliento

para interpretar los hechos que suceden en la Tierra.

 

Recibo el sol sobre la cara al dirigirme hacia la Plaza de Armas

risas histéricas llegan

desde el segundo piso del Carruaje Mágico

y busco los rostros que tan perturbadora risa llevan

pero solo alcanzo a percibir tres parasoles negros

y la continuación de su histeria, que ridiculiza la vida misma,

me hace pensar en tres cuervos shakesperianos

que mucho saben sobre los pronósticos

que trae el destino.

 

Entro al Museo costumbrista

me siento junto a una mujer francesa

cuyos viajes por América la han traído a

Álamos, Sonora y pienso

qué tanta trama ha de formar la vida

para que dos desconocidos puedan compartir

unas palabras antes de que todo se lo lleve el olvido.

Nos disponemos a escuchar al cuarteto de cuerdas Move

proveniente de la Ciudad de México.

El escenario está debajo de un tejaban hecho de hoja de palmera y lámina

y esperamos rodeados por objetos que contienen en su fibra molecular

el tiempo de otro siglo

y cuando la música comienza

sobre la materia rebota el sonido que viaja por el aire

así escuchamos las diversas piezas de compositores y compositoras

de la música mexiquense

y en cada silencio, por la puerta,

entra arrebiatado y sin cuidado alguno

tropezando con todo, imponiéndose a las imágenes que la música

ha construido en nosotros, los sonidos de las calandrias motorizadas

sonidos que soplan con ferocidad desde una bocina impertinente

el mariachi loco quiere bailar quiere bailar el mariachi loco

y por segundos nuestro pensamiento se deslava con el son de la fiesta

que sacude el polvo revoloteado

de las calles de esta ciudad. Nuevamente

el cuarteto retoma y al cerrar los ojos mis sentidos se profundizan

y ya noto cómo el pizzicato que efectúan en sus cuerdas

viola violín y violonchelo

pisa y suelta las venas y articulaciones que bombean sangre

dentro y fuera de mi corazón.

Al abrir mis párpados

veo la mirada compungida de una adolescente

que se conmueve y reconforta con un abrazo dado

al cuerpo voluminoso de su madre. Esta es una terrible victoria. Esto

es lo que me hace ahora aplaudir. Y cuando salgo del Museo

veo que el fantasma de Ortiz Tirado ha poseído un cuerpo

en el extenso arte que hay en vida llamado actuación.

Y junto con otros hombres, un narrador y el mismo Agustín Lara

vestidos como solían vestirse los hombres del siglo pasado,

nos llevan por el centro de Álamos para recrear

con ayuda de la historia y sus fantasmas

cómo fue que este personaje

elevó con su canto un templo

para alivio de nuestro dolor. Un hombre

que para siempre en mi cabeza será una silueta con bata blanca

que corta y arregla los huesos de la espina dorsal de Frida Khalo

mientras canta con la fuerza del tenor.

Alfonso Ortiz Tirado.

 

El día es largo y requiere de descansos

así que tomo el mío y me siento a platicar con algunos citadinos

que me cuentan cómo

es preferible que la ciudad no se llene tanto

aunque entiendo, me dice un hombre con sombrero y bigote blanco,

que para quienes atienden el área de servicio, pues

entre más gente mejor.

Este festival no se va a llenar como en otros años

porque no vienen buenos músicos…

No, cómo no, todos son muy buenos músicos

me dicen dos señoras que atienden una fonda

y me lo dicen interrumpiéndose la opinión

bueno, sí dice la primera

son buenos, pero es música culta, pues

y a mí todo eso me vale madre

¡jajajaja! estalla en carcajada y la otra dice

Ve nomás

¡Pues sí! De todas maneras, yo ni puedo ir a ninguna parte

si todo el día me la paso aquí.

Reímos y muerdo mi taco del que caen coágulos de salsa y guacamole.

 

Salgo a ver cómo se pintan en la noche las estrellas sobre el cielo.

La Santa Cecilia ha llenado el callejón del templo

vestidos todos de azul

cantan por qué no han de saber que te amo, vida mía

mi cara se congela en su bolero

y me invade un placer que aturde mi registro de los hechos

hasta que de pronto

salgo de un sueño

y abro los ojos para encontrarme con la absoluta oscuridad

entre el lenguaje confuso de una voz que me obliga a encender la luz.

Estoy en mi habitación

y el insomnio me hace entonces salir de nuevo a las calles

2:34 am dice mi reloj

y solo encuentro a una pareja despatarrada bajo uno de los arcos

y dos compadres que expresan con violencia su amor

y yo camino viendo toda la basura alcohólica

que seguramente mañana habrá tenido su viaje al basurero

hielo seco latas y botellas

y camino entre los callejones

mirando hacia arriba, mirando

ese canal que construyen los muros de los edificios.

Sobre mi cabeza corre el cielo

un río de agua suficientemente clara como para ver

cómo es que nos alcanzan a destiempo la luz de algunos astros.

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