por Río Silba
Sobre ciertos eventos que ocurrieron
el 23 de enero de 2023
en Álamos, Sonora
Lunes soleado
el viento sopla con fuerza
algunas nubes se acercan desde el oeste
emergen desde la corona de los cerros
oscuras y dramáticas
mientras cruzo un puente y entro por el umbral de la Hacienda Los Santos
un lugar donde cada detalle remite al arduo trabajo
que sus propietarios estadounidenses encomendaron a artesanos de Álamos
para que se emanara la inmediata noción
de que solo personas de alto estrato económico
pueden pagar una habitación en este hotel
cuyos orígenes remontan a un español del siglo 17
que llegó a Álamos para enriquecer sus bolsillos con la mina de plata.
Entro a una pequeña capilla
apenas alcanzo a sentarme en una de las últimas butacas.
Las tonalidades de los muros y el cielo raso dan al aire un tinte dorado
cantantes y artistas entran y nos dan la espalda, ellos vestidos de negro
ella de rojo, comienzan a lanzar cánticos perturbadores
anuncian al compositor que interpretarán
Stra-stra-stravinsky Stravinnnnsky Stravinskyyyy
Y entonces su teatralidad se desenvuelve
y reconozco a lo largo de su presentación que es posible experimentar
¿cómo pude alguna vez dudarlo
si tantísimos ejemplos han habido?
que lo sacrosanto escenifica muy bien las historias de una pesadilla.
Rostros blanquísimos de maquillaje, disfraces máscaras
gallo zorro gato carnero y marionetas
y el canto grave en ruso de tenores y barítonos
resonando en el relieve de un muro de fondo donde alcanzo a ver
el rostro multiplicado de querubines
bebés que sobresalen de la superficie alrededor de un cristo dorado
sepulcros que suscitan adoración.
Y veo al público, personas con los ojos cerrados
la cabeza inclinada ligeramente a la derecha
rostros iluminados por la luz que ingresa a través de las arqueadas ventanas
que hay a cada lado de la capilla.
Y cuando salgo me encuentro con la mujer francesa
con quien días antes había intercambiado algunas palabras.
La había visto antes con lentes oscuros y un aire pensativo
como si reflexionara el festival más que disfrutarlo o experimentarlo, quiero decir
como si todo lo que pasara en los escenarios fuera un enigma que debiera descifrar
y la saludo
e inmediatamente me pregunta qué me ha parecido
y yo le digo me gustó, me dio miedo
y ella me dice las máscaras de animales
han tenido a lo largo de la vida humana
una estrecha relación con el paganismo
y a ti quise saber qué te ha parecido el festival hasta ahora
Y en un inglés afrancesado me dice
ha sido como estar en un paréntesis en el tiempo
me encanta ver que todo sucede aquí
los cantantes ensayan mientras caminan por la calle
y veo a los adolescentes con sus uniformes
jugar con aerosoles de espuma
y a los pianistas andar trajeados con su cuadernillo en la mano
me gusta que todos tengamos lugar para apreciar espectáculos
que regularmente están solo destinados para personas del alto estrato social
dice y se despide
y yo me quedo pensando en esto
mientras veo a dos perros seguir a un hombre que trae en sus manos
unos tostilocos, ¡súbete a la banqueta! me dice alguno
de los tres niños que en moto van montados
y yo hago caso mientras me dirijo a tomar asiento
antes de que la soprano Anabell Garfio comience a cantar en el Palacio
y al comenzar
experimento la euforia de encontrarme por unos segundos ante su mirada
una mirada que sostenemos y me dice cosas
intraducibles al lenguaje de las palabras
y después sigo dando vueltas en el tiempo
y sobre la tela del su vestido titilan lentejuelas
con la fuerza de las estrellas
y el cabello del pianista Martin Wacks se agita con facilidad
mientras la suela de sus zapatos sigue gastándose en los pedales.
Cierro los ojos y la música me sumerge en un mundo acuático
y vuelvo a la superficie mexicana
cuando Anabell sorprende al público con un mariachi
y todos comienzan a cantar
Ay, ay, ay-ay, canta y no llores
Y con esto ya es suficiente como para decidir
que es tiempo de unirme a las callejoneadas de la Estudiantina.
Cantamos
y dos hombres nos entregan vasitos de plástico
que llenan de a gratis con vino.
El viento sopla frío y con fuerza
y todos nos empeñamos en tomar inteligente distancia
de las cansadas patas del burro
un burrito blanco de mirada melancólica
que carga dos garrafas de vino tinto y blanco
y después de callejones y bailes
deteniendo todo tráfico vehicular a nuestro paso
tras vasito y vasito me detengo
para ver cómo funciona el paréntesis en la oración larga de la noche
una oración rimada y loca
que sigue su curso.



