La agricultura regenerativa puede ser la clave para resolver los problemas de la agricultura europea y atenuar los efectos del cambio climático, pero ¿están dispuestos a apoyarla los responsables políticos y los consumidores?
En el sur de Italia, el verano ha sido abrasador para el pequeño agricultor Antonio Onorati. Su familia lleva generaciones cultivando estas tierras a sólo 20 kilómetros de Roma, criando cabras, cultivando trigo y cosechando frutas y verduras en armonía con la naturaleza.
Ahora, ya semijubilado, le preocupa el futuro de la agricultura a pequeña escala en Italia.
«El clima ha cambiado mucho en la última década. Los robles de cincuenta años se secan y mi ganado está sufriendo. Se ha producido un colapso en la fertilidad de las ovejas y en la mortalidad de las aves de corral debido al calor», afirma.
Onorati no es el único. Los agricultores de toda Europa, especialmente en el sur propenso a las sequías, están sufriendo una devastación similar y muchos pequeños agricultores han tenido que cerrar sus explotaciones. Entre 2003 y 2016, el número de granjas en la UE-27 disminuyó un 32 por ciento, de 15 a 10 millones.
Sólo en los dos últimos años, ha cerrado un 10 por ciento adicional de granjas europeas, en gran parte debido a la sequía y a las condiciones meteorológicas extremas, que han diezmado los cultivos y los medios de subsistencia.
Si esta tendencia continúa, en 2040 Europa podría contar sólo con 3,9 millones de granjas, y las granjas industriales consolidarían más su poder. Esto supondría un desastre para el medio ambiente, ya que el delicado equilibrio entre el clima, la agricultura y el sistema alimentario se ve cada vez más amenazado.
Para invertir esta tendencia, los responsables políticos deben respaldar las prácticas agrícolas basadas en la naturaleza que practican Onorati y muchos agricultores regenerativos de la comunidad Climate Farmers. Con la Política Agrícola Común que se negociará el año próximo, ha llegado el momento de replantearse la política agrícola.
La agricultura industrial acelera el deterioro del clima
El impacto ecológico de la agricultura a gran escala es significativo. Las granjas orientadas a la exportación practican monocultivos que con el tiempo agotan la calidad del suelo y dependen, en gran medida, de pesticidas y fertilizantes para maximizar la productividad. Esta concentración en el máximo rendimiento a corto plazo amenaza un ecosistema medioambiental ya de por sí frágil.
«En la mayor parte de Europa, nuestros suelos están tan agotados que están prácticamente muertos», afirma Philippe Birker, fundador de Climate Farmers, una empresa social que está ampliando la agricultura regenerativa en toda Europa. «Cuando llueve, el suelo no absorbe el agua, lo que se denomina erosión del suelo. También es la razón por la que se producen tantos daños por inundaciones en este momento».
Basándose en la ciencia de la agroecología, cada vez son más los agricultores que recurren a prácticas regenerativas, no sólo para minimizar el impacto ambiental, sino también para construir granjas resistentes al clima en respuesta a unas condiciones meteorológicas cada vez más impredecibles.
«Uno de los sorprendentes beneficios de la agricultura regenerativa es que aumenta la capacidad de almacenamiento de agua del suelo. El suelo sano puede absorber agua y almacenarla para liberarla en épocas de sequía», explica Birker.
La agroecología ofrece una alternativa alentadora para los pequeños agricultores al centrarse en la diversidad de semillas, la integración comunitaria y los sistemas circulares. Aunque este planteamiento no prioriza el crecimiento, fomenta la sostenibilidad a largo plazo en la transición de Europa hacia un futuro con cero emisiones netas.
Reducir la dependencia de las importaciones exteriores
Afortunadamente, Onorati creció aprendiendo prácticas agrícolas agroecológicas de sus abuelos y padres nómadas, junto a las comunidades agrícolas rurales del sur de Italia.
«Mis abuelos tenían pocos recursos y aprendieron a trabajar con la naturaleza sin poner en peligro la productividad. Con el tiempo, este sistema mixto de agricultura y ganadería ha demostrado su valor», explica Onorati.
«También hemos adaptado nuestros cultivos a los cambios climáticos y nos esforzamos constantemente para que nuestra granja dependa menos del mercado exterior: los agricultores pueden recuperar su poder y volverse más independientes del sistema convencional».
Al igual que Onorati, Birker defiende la agricultura regenerativa, aportando pruebas de que estas prácticas funcionan e insuflando a los pequeños agricultores la confianza necesaria para adaptar sus operaciones a su entorno.
Los primeros miembros de la comunidad de Climate Farmers ya están atrayendo la atención de las granjas vecinas por sus métodos sencillos pero innovadores.
«Los agricultores convencionales no pueden creer que se pueda tener hierba verde en junio en el sur de Portugal sin un sistema de riego, solo con el pastoreo de las vacas», afirma Birker, quien destaca los efectos regeneradivos del estiércol en la calidad del suelo.
«Necesitamos más granjas modelo como ésta para que los agricultores se identifiquen. Lo que funciona en el sur de Portugal no funciona en el norte de Inglaterra; depende mucho del contexto, lo que dificulta mucho la ampliación», añade.
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