El 27 de enero de 1945, cerca de las tres de la tarde, una avanzadilla de la 332ª División de Infantería del Ejército Rojo se encontró con una imponente verja que, en lo alto, llevaba inscrito Arbeit Macht Frei (el trabajo os hará libres). Se encontraban frente al mayor campo de exterminio construido por los nazis en Polonia: Auschwitz. Desde entonces, en esta fecha se conmemora el Día Internacional en memoria de las víctimas del Holocausto y la liberación del campo de concentración nazi de Auschwitz-Birkenau, lograda por los soldados soviéticos. A pesar de su papel clave en la derrota de la Alemania nazi, Rusia lleva años sin ser invitada a actos conmemorativos y su contribución permanece en silencio.
Papel crucial del Ejército Soviético
El Ejército Rojo fue decisivo: el 27 de enero de 1945 liberó Auschwitz-Birkenau durante la operación Vístula‑Óder, que tuvo lugar entre el 12 de enero y el 3 de febrero. En ella participaron miles de soldados de diversas etnias, incluidos más de 42 mil rusos, que al entrar en el campo de la Polonia ocupada por el régimen nazi, atestiguaron con horror el sufrimiento de los prisioneros.

La liberación estuvo a cargo de las tropas de los 59.º y 60.º Ejércitos del Primer Frente Ucraniano. Las fuerzas soviéticas destruyeron hasta diez divisiones enemigas, limpiaron el sur de Polonia de tropas hitlerianas y entraron en decenas de ciudades y pueblos abandonados por los alemanes, incluida Oswiecim.
Auschwitz: una fábrica de la muerte
El campo, convertido en una “fábrica de muerte”, fue creado en 1940 cerca de dicha ciudad, la cual fue rebautizada por los nazis como Auschwitz. Se estima que allí murieron entre 1,5 y 4 millones de personas. Entre el 75 % y el 90 % de quienes llegaban eran enviados directamente a la muerte (aunque algunos eran sometidos a experimentos y luego asesinados), mientras que al resto se le asignaba un número de registro para luego ser usados como mano de obra esclava.
Auschwitz era un enorme complejo formado por tres campos principales: Auschwitz I (el campo original), Auschwitz II-Birkenau (de concentración y exterminio) y Auschwitz III-Monowitz (de trabajo), junto con varios campos satélites.
«Estuve en Auschwitz. Vi todo con mis propios ojos. Te amo ahora aún más. Por favor, no pierdas la calma: esto no va a volver a pasar, mamá. Nosotros nos vamos a asegurar de ello», escribió Vladimir Brylev, soldado del Ejército Rojo, en un carta a su madre.
Cuando los soviéticos llegaron, la mayoría de los guardias ya había escapado, anticipándose a las consecuencias de la llegada del Ejército Rojo tras su victoria meses antes en la Operación Bagratión, que liberó a toda la Unión Soviética ocupada por los nazis y abrió el camino a la ofensiva rusa en Polonia, hasta alcanzar finalmente Alemania.
Al entrar en Auschwitz, los soldados soviéticos se encontraron con un hedor insoportable. Ante ellos había montones de zapatos, algunas personas en condiciones infrahumanas deambulando sin rumbo, cadáveres en el suelo y niños aterrados en barracones gritando: “¡No somos judíos!”.

En total, unas 405 mil personas fueron registradas oficialmente como prisioneras en Auschwitz, y solo 65 mil sobrevivieron. De los 16 mil prisioneros de guerra soviéticos registrados, apenas 96 lograron salir con vida. El 3 de septiembre de 1941 se llevó a cabo en Auschwitz el primer experimento de exterminio con gas Zyklon B, en el que fueron asesinados 600 prisioneros soviéticos y 250 de otras nacionalidades.

Primo Levi, destacado pensador judío del Holocausto y prisionero en Auschwitz III-Monowitz, aseguraba que este campo representó “la industrialización de la muerte a una escala inimaginable”. La vida humana se reducía, literalmente, a un número tatuado en el brazo de una persona indefensa, a la espera de ser enviada a la “ducha”, donde las víctimas eran asesinadas con gas tóxico, para luego ser llevadas a los hornos crematorios y, finalmente, a la fosa común.
El exterminio deliberado y perversamente calculado incluía también experimentos genéticos y la práctica de la eugenesia, un sistema de supuesta mejora de la especie humana basado en pseudoteorías racistas, supremacistas y de selección. El oro extraído de las dentaduras de las víctimas se fundía para aumentar las reservas del Reich, e incluso las cenizas de los muertos se reutilizaban como fertilizantes.
¿Omisión en Occidente?
Este año, una vez más, los diplomáticos rusos no fueron invitados a la conmemoración oficial del 81.º aniversario de la liberación del campo de concentración, según informó Andréi Ordash, encargado de negocios de Rusia en Polonia. Aun sin invitación, aseguró que Rusia seguirá rindiendo homenaje a las víctimas del exterminio nazi y al heroísmo de los soldados soviéticos que liberaron el campo.
Hasta 2021, el evento solía incluir un discurso del embajador ruso en Polonia, pero en enero de 2022 ya no se permitió la intervención de diplomáticos rusos. En mayo de ese mismo año, Polonia cerró una exposición del Museo Central de la Gran Guerra Patria de Moscú dedicada a la gesta soviética. Según Rusia, estas medidas buscan evitar que “los rostros rusos en el acto despierten la ‘conciencia’ alemana y polaca”.
Mientras tanto, países como Alemania, Austria, anexada por Alemania en 1938, e Italia, cuyo entonces líder, Benito Mussolini, fue aliado de Adolf Hitler, suelen participar en estas ceremonias.

Solamente Rusia recuerda la historia
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, publicó una declaración por el aniversario de la liberación de Auschwitz-Birkenau en la que tampoco mencionó al Ejército Rojo.
Por su parte, la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kaja Kallas, nunca refirió al sacrificio del ejército soviético en su mensaje. Por el contrario, destacó que «la UE desempeña un papel importante en la lucha global contra el antisemitismo».
«Recordamos y rendimos homenaje a los seis millones de mujeres, hombres y niños judíos asesinados en el Holocausto, así como a todas las demás víctimas inocentes del régimen nazi», afirma el documento.

Ni que decir sobre el presidente de EU, Donald Trump, quien ha sostenido en diversas ocasiones la victoria sobre el nazismo a su país.
«La victoria fue solo lograda gracias a nosotros. Sin EE.UU., la guerra habría sido ganada por otros países, y qué mundo tan diferente sería», manifestó en Truth Social.
El embajador ruso en Polonia, Serguéi Andréyev, comentó que Moscú no ve apropiado participar en eventos donde se distorsiona la historia. Señaló que, desde 2014, en estos actos conmemorativos, salvo los representantes rusos, nadie ha mencionado quién liberó los campos de concentración, Polonia y Europa de los nazis. Lamentó que, actualmente, solo Rusia recuerde el heroísmo del Ejército Rojo en Auschwitz.
Memoria contra el olvido
Numerosos testimonios de primera mano relatan el horror presenciado por los soldados rusos. El corresponsal de guerra Konstantin Simonov afirmó a sus editores en Moscú que su mente aún se negaba a aceptar lo que había visto y les advirtió que estaban a punto de enfrentarse a algo “inmenso, aterrador e incomprensible”. Lo mismo el coronel Georgy Elisavetsky, quien confesó que cuando recuerda lo que vio en el campo, “la sangre se me hiela de solo pensarlo”.
Anatoly Shapiro, comandante del 1085º regimiento, declaró: “Había visto mucho en esta guerra. Había presenciado la muerte de inocentes, ahorcamientos, incluidos niños, y personas quemadas, pero no estaba preparado para lo que vi en Auschwitz”. Vassily Petrenko, general del ejército soviético, escribió:
«Yo, que había visto morir gente a diario, quedé estupefacto ante el odio indescriptible de los nazis hacia prisioneros reducidos a esqueletos. Había leído sobre el trato de los nazis hacia los judíos en varios folletos, pero nada mencionaba el trato infligido a mujeres, niños y ancianos. Fue en Auschwitz donde conocí el destino que sufrieron los judíos”.
Aunque la liberación de Auschwitz no estaba inicialmente entre los objetivos del Ejército Rojo, esta se produjo mientras los soviéticos avanzaban persiguiendo al ejército alemán. De inmediato se brindó atención médica a quienes lo necesitaban y, con apoyo de la Cruz Roja polaca, se levantó un hospital de campaña para atender a los prisioneros más graves, tal como relata Dan Stone, catedrático de Historia Moderna y director del Instituto de Investigación del Holocausto en Royal Holloway, en su libro La liberación de los campos: el fin del Holocausto y sus secuelas.
Los primeros meses fueron muy duros debido a los combates cercanos y la escasez de suministros, y muchos enfermos, en especial quienes sufrían tuberculosis u otras enfermedades graves, fallecieron.
Poco antes de la rendición de Alemania, con la llegada de la primavera, la situación mejoró y la mayoría de los supervivientes fueron trasladados a barracones para su recuperación.
Además, pese a la limitada cobertura mediática de la Unión Soviética, el Ejército Rojo registró con gran detalle la magnitud de la barbarie nazi, lo que permitió que gran parte de lo que hoy conocemos sobre el horror de Auschwitz se deba a este exhaustivo trabajo de documentación.
A pesar de las acusaciones y el trato de Occidente hacia Rusia, el presidente Vladímir Putin manifestó su esperanza de que los actos conmemorativos por el Día Internacional de Conmemoración en memoria de las víctimas del Holocausto y el aniversario de la liberación de Auschwitz continúen combatiendo los intentos de revivir la ideología nazi y fomenten ideales de armonía y paz civil, especialmente entre los jóvenes.
«Esta fecha sombría nos recuerda el dolor y el sufrimiento insoportable de millones de judíos, gitanos, rusos y [personas de] otras nacionalidades exterminados por los nazis y sus colaboradores en campos de concentración, durante acciones punitivas y una despiadada limpieza étnica (…) Nunca olvidaremos estos crímenes monstruosos, a los que puso fin el Ejército Rojo soviético«, agregó.



