Comedores Compulsivos Anónimos: un refugio en Hermosillo para sanar la relación con la comida

23 de octubre de 2025

En medio del bullicio cotidiano de Hermosillo, hay un grupo de personas que se reúne cada semana para hablar de algo que casi nunca se dice en voz alta: la lucha contra la comida. No se trata de una dieta ni de moda, sino de una búsqueda profunda de equilibrio, comprensión y apoyo frente a un enemigo silencioso: el comer de manera compulsiva.

Comedores Compulsivos Anónimos (CCA) es un programa inspirado en los 12 pasos de Alcohólicos Anónimos, adaptado para quienes luchan contra el trastorno por comer compulsivamente.

Aquí, la comida deja de ser un simple alimento y se convierte en un reflejo de emociones, hábitos y conflictos internos. Los participantes no buscan dejar de comer, sino aprender a hacerlo de manera consciente y equilibrada, mientras encuentran un espacio seguro donde compartir, sin juicio, experiencias que muchas veces se viven en silencio.

“Esto es una enfermedad trifásica: física, mental y espiritual”, explica Patty, quien ha asistido a los grupos por 15 años.

“¿Por qué física? Porque se nota en el cuerpo. O sea, no solamente en el sobrepeso, porque el problema alimenticio puede ser por bajo peso. O sea, puede ser anorexia, bulimia, obesidad, obesidad mórbida… hay muchas formas. No es solamente el sobrepeso: también el bajo peso está categorizado como un desorden alimenticio, como una enfermedad del desorden alimenticio”, contó.

Añadió que, emocionalmente, la depresión, el enojo o la ansiedad se hacen presentes, y espiritualmente, las personas dejan de creer en sí mismas y en algo más grande que pueda ayudarlas, ya que incluso la comida llega a ser su refugio o la forma en que creen que todo se resolverá.

Patty también recordó cómo su autodiagnóstico comenzó con señales claras: comer durante todo el día, ingerir alimentos a escondidas e incluso vomitar para poder seguir comiendo. Además, el hecho de que varios familiares fallecieran por enfermedades relacionadas con la alimentación la llevó a buscar ayuda, alentada por una de sus sobrinas.

“Pero sí fue porque alguien me dijo que quería que hiciera algo. Yo pensé que era lo único que me podía ayudar. No conocía a nadie que hubiera estado en un grupo de comedores compulsivos antes, pero fui a la primera junta y me quedé. Hasta el día de hoy sigo viniendo”, externó.

Luz, otra participante, comparte una experiencia distinta pero paralela. Originaria de Guaymas, asegura que la transición a la universidad en Hermosillo la expuso a la libertad alimentaria y a hábitos de consumo poco saludables.

“Tuve un peso bastante normal, no se notaba que fuera compulsiva, hasta que llegué aquí a Hermosillo y conocí el servicio a domicilio, porque en Guaymas no había o era muy raro. Pues aquí, con los 500 pesos que me daba mi mamá a la semana, me compraba todo lo que no podía comer. La comida que me mandaba congelada ahí duraba congelada eternamente, porque yo seguía comprando”, relató.

Y, como en el caso de Patty, fue un familiar quien le recomendó buscar el grupo de Comedores Compulsivos Anónimos. Después de poco más de ocho años, se mantiene como parte de esa nueva familia, donde puede compartir su sentir sin vergüenza y sin ser juzgada.

“Aquí hay mucho amor. La mayoría hemos recaído, entonces hay mucha comprensión en esa parte, porque sabemos que la comida está en todas partes, tan fácil”, indicó.

Ambas coinciden en un punto esencial: el problema no es la comida en sí, sino la relación emocional con ella. La comida, a diferencia del alcohol o las drogas, es socialmente aceptada y siempre disponible.

Por ese y otros motivos, se apoyaron en un grupo como Comedores Compulsivos Anónimos, para entender por qué se come en exceso, con comprensión y sin juicios.

Las historias de Patty y Luz no tratan únicamente sobre pérdida de peso o control de la dieta, sino de reconstrucción emocional y comunitaria. Sus testimonios invitan a reflexionar: reconocer la enfermedad, pedir ayuda y compartir experiencias puede marcar la diferencia entre vivir atrapado en la compulsión o recuperar el equilibrio y la autoestima.

Finalmente, la Secretaría de Salud en Sonora dio a conocer que, durante este 2025, en las Clínicas Integrales de Nutrición ubicadas en los municipios de Hermosillo, Ciudad Obregón, Nogales, Caborca y Cananea, se han realizado 11 mil 811 consultas multidisciplinarias dentro del programa estatal para el manejo del sobrepeso, la obesidad y el apoyo al control de enfermedades crónicas.

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