A sus 73 años, Eulalio Martínez recuerda el momento en que dejó de sentirse seguro dentro de su propia casa. Las agresiones de su entonces pareja comenzaron a afectar su estado de ánimo y lo llevaron a sentirse deprimido.
Los conflictos eran constantes. En distintas ocasiones, contó, ella intentó agredirlo físicamente y le exigía dinero.
“Con mi anterior pareja tuve problemas. Se enojaba porque trabajaba, se encelaba y andaba queriéndome golpear. Una vez hasta se la llevó la patrulla, pero sí tuve problemas familiares con ella”, relató.
Sus hijas y algunas vecinas se dieron cuenta de lo que ocurría. Después de presenciar una agresión, llamaron a la policía. Los agentes acudieron al domicilio y se llevaron a su pareja.
Aunque hubo una intervención policial, Martínez decidió no presentar una denuncia formal. Le recomendaron acudir ante las autoridades, pero se negó.
“Me dijeron que fuera a poner mi denuncia para que se la quedaran en el bote, y les dije que ya no”.
Cuando sus hijas conocieron la situación, comenzaron a defenderlo y se convirtieron en su principal red de apoyo. Su intervención permitió que la violencia dejara de permanecer oculta dentro del hogar y que Eulalio no tuviera que enfrentarla solo.
Ahora, desde su experiencia, llama a otras personas adultas mayores a no guardar silencio y buscar ayuda antes de que las agresiones escalen.
“Que denuncien, que no se dejen, porque si no, al rato les llegan a pegar o los llegan a matar también. Por eso más vale denunciar que estar aguantando”.
En Sonora, la Procuraduría de la Defensa del Adulto Mayor (Prodeama) registra 784 expedientes abiertos durante 2026, informó su titular, Néstor Paredes Lugo.
Del total, 314 corresponden a violencia familiar; 116, a violencia verbal, y 102, a violencia física. También se contabilizan 10 casos de violencia patrimonial, siete de violencia psicológica y tres de violencia económica.
Paredes Lugo explicó que, en la mayoría de los casos, las personas señaladas como agresoras pertenecen al entorno familiar de la víctima, principalmente hijos y nietos.
“En la mayoría de los casos, principal y desafortunadamente, son familiares; hijos que presentan omisión de cuidados, así como hechos de violencia verbal, física y psicológica”, explicó.
La procuraduría también mantiene abiertos 581 expedientes correspondientes a 2025. El funcionario estimó que alrededor de 40% podría estar relacionado con situaciones de violencia, aunque aclaró que la institución no cuenta todavía con un desglose preciso.
Cuando una persona adulta mayor solicita apoyo, la Procuraduría recaba información y realiza una valoración para determinar qué atención necesita. La institución ofrece asesoría jurídica, atención psicológica y acompañamiento de trabajo social. También apoya en gestiones relacionadas con documentos, pensiones y otros derechos.
Si se identifican hechos que pudieran constituir un delito, el caso puede canalizarse a la Fiscalía General de Justicia del Estado. Sin embargo, muchas víctimas deciden no continuar con el procedimiento penal cuando la persona señalada es un hijo, un nieto u otro familiar cercano.
La gerontóloga Brenda Méndez Guerrero señaló que, en alrededor del 95% de los casos atendidos las víctimas no denuncian porque el agresor es un familiar directo o su cuidador principal.
El miedo a quedarse solas, perder el contacto con sus familiares o dejar de recibir cuidados son algunos de los factores que dificultan la denuncia.
“Piensan que, si denuncian, ya no habrá quien los cuide, que les van a hacer daño a sus familiares o los van a meter a la cárcel. Temen quedarse solos y dependen de ellos emocional y económicamente”, comentó.
Los cambios de comportamiento y los síntomas de depresión pueden ser señales de que una persona adulta mayor está viviendo violencia.
“Las principales consecuencias en una persona adulta mayor víctima de violencia son psicológicas: baja autoestima, estado depresivo y cambios de comportamiento. Estas son algunas de las señales”, mencionó.
El problema también tiene una dimensión nacional. Una publicación de la Gaceta UNAM de 2023 señala que la prevalencia del maltrato entre personas mayores en México alcanzó 32.1%. El tipo más frecuente fue el psicológico, con 28.1%.
La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021 ofrece otro referente, aunque únicamente sobre las mujeres. Según el Inegi, 14.6% de las mujeres de 60 años y más experimentó violencia por parte de familiares o personas con quienes vivía durante los 12 meses previos a la encuesta.
Entre las situaciones reportadas con mayor frecuencia estuvieron que algún familiar dejara de hablarles, con 6.3%; que las dejara solas o las abandonara, con 3.7%, y que les gritara, insultara u ofendiera, con 3.2%.
Ante una emergencia o un riesgo inminente, se puede solicitar ayuda mediante el 911. Para presentar una denuncia anónima está disponible el 089. También se puede acudir directamente a Prodeama para recibir orientación y acompañamiento.
La experiencia de Eulalio muestra cómo el maltrato puede instalarse en la vida cotidiana y permanecer oculto incluso para quienes rodean a la víctima. Su historia se suma a la de cientos de personas adultas mayores que enfrentan violencia dentro de su propio entorno, donde el vínculo familiar o afectivo con quien las agrede puede hacer más difícil reconocer el problema, denunciarlo y romper el silencio.


