En Latinoamérica la ultra derecha política por muchos años ha mantenido un bajo perfil debido a la escasez de militantes, teniendo como ultimo y tal vez máximo exponente a Augusto Pinochet en Chile, cuyo régimen culminó en 1990; a este apartado podemos sumarle el Proceso de Reorganización Nacional en Argentina, El Régimen Militar de 1964 en Brasil y la Dictadura Cívico-Militar de 1973 en Uruguay.
Durante Muchos años en el subcontinente sudamericano ha permeado una meta de bienestar social con gobiernos que han apostado por no repetir los errores de regímenes totalitarios que navegaban con la bandera de la extrema derecha, movimientos que aun en la actualidad se perciben como ajenos a la región, y se podría pensar que estamos exentos de que dichos ideales nos gobiernen, sin embargo, esta percepción se esta alejando cada vez mas de la realidad.
Que define la Ultraderecha
Este movimiento surge con la caída de la monarquía francesa, de parte de los simpatizantes del antiguo imperio.
A partir de aquí, tradicionalmente y en palabras muy generales, la derecha política estipula que las desigualdades sociales son naturales, por lo que la intervención del gobierno por corregir esta realidad debe de ser poca o nula, de igual manera, defiende ideas conservadoras de una manera relativamente moderada y respeta las reglas del sistema democrático.
Por otra parte, la ultraderecha adopta las mismas posturas con bastante radicalidad y mantiene un vínculo problemático con la democracia. De hecho, hacen uso de una retórica populista para argumentar que hay una «elite corrupta» compuesta por círculos progresistas que controlan una serie de organizaciones; ya se en el aparato judicial, medios de comunicación, instituciones internacionales, etc. Por lo mismo, planteen la necesidad de llevar a cabo reformas para disminuir el poder de esas organizaciones o reemplazar a quienes las controlan para poner a personas realmente virtuosas, es decir, quienes profesan ideas de ultraderecha.
Resurgimiento Ultraderechista en Latinoamérica
Con el triunfo aplastante de José Antonio Kast en Chile, es innegable el resurgimiento del movimiento ultraderechista en América Latina; este se suma a los actuales exponentes como Javier Milei en Argentina, Nayib Bukele en El Salvador, Daniel Noboa de Ecuador, Rodrigo Paz en Bolivia y Donald Trump por la parte Norte Americana.
Dicho éxito se contrapone con las retoricas políticas de sus contrapartes de izquierda, tales como una agenda contra la migración.
Una de las principales causantes del apoyo a la ultraderecha son las percepciones de los votantes, las cuales tienden a descansar en amenazas subjetivas antes que objetivas, donde el pueblo se une contra un «enemigo» en común, la mayoría de las veces simbólico que se caracteriza por ser un «mal» por venir o ya existente.
Un rasgo definitorio es defender posturas xenófobas, ambiguamente aplicable en Latinoamérica, donde otras ideas cobran mayor relevancia, como lo son los «votos de castigo» que ejercen los ciudadanos debido al descontento con los anteriores gobiernos liberales.



