El diagnóstico de VIH llegó sin previo aviso para Gabino Guerrero. “Sentí que me apagaron el mundo de un día para otro”, recuerda al hablar de los días en que la incertidumbre, la desinformación y el estigma marcaron su vida.
Gabino señala que en ese momento atravesó una etapa de negación, culpa e incertidumbre, principalmente por la falta de información y el estigma que rodea al virus.
“Cuando recibido el diagnóstico estuvo presente la negación, la culpa, la incertidumbre, la desinformación creo que fue lo que más me atacó porque no sabía qué hacer ante esa situación y no conocía a ninguna persona que vivía con VIH”, comentó.
Añadió que lo más difícil fue no conocer a nadie más que viviera con VIH, lo que aumentó la sensación de aislamiento.
Con el apoyo de una familiar del área de la salud, llegó a atención especializada e inició tratamiento en Centro Ambulatorio para la Prevención y Atención en VIH/SIDA e Infecciones de Transmisión Sexual, Capasits, donde recibió el diagnóstico confirmatorio.
Al principio decidió mantener su diagnóstico en privado, compartiéndolo únicamente con sus amistades más cercanas.
“Para mí era necesario, conocer a alguien con VIH, quiero saber cómo está, cómo es, porque sientes que está mal, hay muchas creencias por ejemplo que no debes vivir tu sexualidad, no la debes de vivir, un no a todo”, mencionó.
Con el tiempo comenzó a informarse y a reconstruir lo que sabía sobre el VIH. Reconoce que el estigma social pesó incluso más que el propio diagnóstico médico.
Hoy lleva una vida estable: trabaja, hace ejercicio y toma diariamente su tratamiento antirretroviral. Acude de forma periódica a revisiones médicas para conocer su carga viral y el estado de su sistema inmunológico.
Aunque su salud es estable, reconoce que el estigma sigue presente. Afirma que al hablar abiertamente sobre su diagnóstico ha enfrentado reacciones de miedo, distancia o desconocimiento.
El peso del estigma
Aunque los avances médicos han cambiado por completo el pronóstico del VIH, activistas señalan que la discriminación sigue siendo uno de los principales retos, especialmente para la población LGBTQ+.
“La gente sigue discriminando, la gente sigue estigmatizando, la gente todavía vive con prejuicios; entonces, por supuesto que hay que seguir luchando y hay que seguir marchando”.
Rodolfo Guzmán, integrante del Colectivo de la Marcha del Orgullo en Hermosillo, señaló que el problema central sigue siendo la desinformación, así como los prejuicios históricos que aún persisten alrededor del virus.
Explica que, aunque hoy existen tratamientos eficaces, el VIH sigue cargando con narrativas que durante años lo vincularon a ciertos sectores de la población, lo que ha alimentado el estigma.
También advierte que la discriminación puede presentarse en distintos espacios: desde el entorno familiar hasta el laboral, escolar e institucional. Entre los retos pendientes, menciona la permanencia de figuras legales que, a su juicio, refuerzan la criminalización del contagio.
Información para derribar mitos
En México, el VIH sigue siendo un problema de salud pública. Cada año se registran miles de nuevos diagnósticos y se estima que cientos de miles de personas viven con el virus en el país. En Sonora, los casos han mostrado un incremento sostenido en los últimos años, reflejando una tendencia que mantiene vigente la necesidad de prevención, información y acceso oportuno a tratamiento.
La desinformación sigue siendo uno de los principales desafíos, señala Jurgen Adam Sánchez, director de Capasits. Explica que aún persisten creencias equivocadas sobre el VIH, a pesar de que cualquier persona sexualmente activa puede estar en riesgo.
“El VIH puede afectar a cualquier persona que tenga una vida sexual activa y esté expuesta a factores de riesgo”.
El especialista destaca que, además del condón, existen herramientas de prevención como la Profilaxis Preexposición (PrEP) y la Profilaxis Posexposición (PEP). También subraya la importancia de realizar pruebas de detección de manera periódica, ya que son gratuitas y confidenciales.
Agrega que los tratamientos antirretrovirales permiten a las personas vivir con buena calidad de vida y que, cuando se alcanza una carga viral indetectable, el virus no se transmite.
Entre avances médicos, diagnósticos que continúan registrándose y testimonios como el de Gabino Guerrero, el VIH hoy se enfrenta menos desde lo clínico y más desde lo social.
El diagnóstico no define la vida de una persona, pero sí transforma la manera en que se enfrenta al entorno.
El reto, coinciden activistas y especialistas, sigue siendo el mismo: combatir la desinformación, derribar prejuicios y reducir el estigma que aún rodea al virus.



