Más del 95% de los incendios forestales en Sonora tienen un origen claro: la mano humana. Ya sea por descuido, como tirar una colilla de cigarro, dejar una fogata encendida, arrojar botellas de vidrio, agua que actúan como lupa bajo el sol, o por acciones indirectas, como el paso de vehículos cuyo escape caliente puede prender la maleza, el fuego suele empezar donde menos se espera.
En lo que va del 2025, se han atendido 45 incendios; en 2024 fueron 47, mientras que en 2023 se registraron 107 incendios, un récord histórico en más de dos décadas.
El fuego se propaga rápidamente debido a las altas temperaturas, baja humedad, vientos fuertes, rayos antes de la lluvia, sobre todo, el factor humano.
El coordinador de Protección Civil, Armando Castañeda Sánchez, explicó que, en condiciones extremas de sequía, un solo incendio puede consumir miles de hectáreas en cuestión de días. El caso más grave: el incendio en Cananea, que lleva tres meses activo y ha afectado más de 5 mil 500 hectáreas.
«El principal de ellos es no tirar colillas de cigarrillos a las orillas de carreteras… Las rachas de viento se llevan las cenizas kilómetros. Botellas con agua, el efecto lupa, la maleza rozada por el escape de un vehículo: todo puede generar un incendio forestal”.
Combatir el fuego cuesta millones de pesos por el traslado de brigadas, alimentación, hospedaje, gasolina, maquinaria y medicamentos. Solo el vuelo de un helicóptero puede costar hasta 160 mil pesos diarios.
«Si supieran las personas todo lo que puede generar tirar una colilla de cigarro, la pensarían dos veces», externó.
La gravedad del problema también se refleja en la atención a los brigadistas. Un combatiente lesionado recientemente tardó un día entero en ser evacuado del cerro, mientras que en zonas urbanas la atención médica tarda minutos.
“Cuando tienes una emergencia en la ciudad, la ambulancia llega en 4 a 9 minutos. En el monte, un combatiente puede pasar un día completo antes de recibir ayuda”, dijo.
Actualmente, dos incendios siguen activos: uno en la sierra “Los Ajos”, cerca de Fronteras, y otro en “La Madera”, en Huasabas. Son los únicos activos de los 45 atendidos este año, gracias al esfuerzo conjunto de autoridades y uniones ganaderas locales.
Alberto Morales Aguilar, secretario de la Unión Ganadera Regional de Sonora, dijo que cada miércoles, durante la temporada de incendios, el organismo difunde programas de prevención a todas sus asociaciones. Así, los agremiados saben cómo actuar ante cualquier siniestro.
Las hectáreas afectadas este año alcanzan las 50 mil, una cifra significativa para los ganaderos, aunque menor comparada con las 300 mil hectáreas dañadas en 2023.
El representante ganadero se sumó al llamado de las autoridades, para cuidar el medio ambiente y evitar dejar brazas, botellas o colillas de cigarrillos entre la maleza.
“Somos los depredadores de los agostaderos… Si no tiras una botella, no hay problemas; si no tiras una colilla de cigarro, no hay problema; si no dejas una fogata encendida, no tienes problemas. Con viento, un incendio puede acabar con miles de hectáreas en un día”.
En Sonora, solo 130 personas están preparadas para combatir incendios: 4 brigadas oficiales, 3 de Protección Forestal, 2 de CONAFOR y 2 estatales. Por eso, la participación ciudadana es crucial, sobre todo si se considera que la mayoría de los incendios son provocados, directa o indirectamente, por la acción humana.



