Keiko Fujimori es electa presidenta de Perú

1 de julio de 2026

En una de las elecciones más cerradas de la historia del país, Keiko Fujimori se convirtió en la primera mujer electa como presidenta de Perú. El recuento definitivo de las autoridades electorales confirmó que la candidata de 51 años venció a su oponente de izquierda, Roberto Sánchez, por una diferencia de apenas 49,641 votos, un resultado que el máximo tribunal electoral prevé certificar oficialmente este viernes.

Tras tres intentos presidenciales fallidos, años de batallas legales y más de una década al frente de una oposición polarizante, la victoria de Fujimori devuelve el poder al movimiento político fundado por su difunto padre, Alberto Fujimori, a un cuarto de siglo del colapso de su régimen en el año 2000. Con su toma de posesión programada para el próximo 28 de julio, Perú se suma al bloque de gobiernos conservadores en América Latina, lo que consolida un giro a la derecha en la región.

Fujimori es la primera persona que gana la presidencia tras haber recibido menos sufragios dentro del territorio nacional que su contendiente. El triunfo fue posible gracias al sólido respaldo del voto en el exterior, compuesto en gran medida por comunidades peruanas radicadas en Estados Unidos y Europa que emigraron durante las crisis de finales del siglo XX.

Ante este escenario, Roberto Sánchez declaró la semana pasada que no reconocerá la derrota, acusando sin evidencias una supuesta manipulación en las actas del extranjero; señalamientos que ya fueron desestimados por los observadores internacionales y las autoridades electorales.

Cada vez estamos más cerca de emprender un camino de orden y esperanza para todos los peruanos”, manifestó la presidenta electa a través de sus canales oficiales.

La futura mandataria heredará un país golpeado por una severa inestabilidad política, Perú ha tenido nueve presidentes desde 2016, un incremento en los índices de delincuencia organizada y un profundo escepticismo social hacia las instituciones. Durante su campaña, bajo la premisa de elegir entre «orden o caos», prometió atajar la crisis con la misma firmeza con la que su padre combatió el terrorismo en la década de los noventa.

Para el fujimorismo, este triunfo representa una reivindicación del legado de su fundador y la promesa de un liderazgo fuerte tras años de vacío de poder. En contraste, sus detractores expresan preocupación ante la posibilidad de que se vulneren los contrapesos democráticos, recordando que el partido Fuerza Popular utilizó en el pasado su disciplina en el Congreso para destituir a mandatarios y blindar a sus aliados de investigaciones por corrupción, además de las acusaciones de fraude que la propia Keiko Fujimori sostuvo sin pruebas tras perder los comicios de 2021.

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