Hace unos días se cumplieron 25 años de la elección que llevó a Vicente Fox a la Presidencia de México, y con ello, de la llamada transición democrática. Digo llamada porque la historia reciente nos ha demostrado que no hubo tal cosa.
Dicho por el candidato priista en la elección del 2000, Francisco Labastida, en su libro La Duda Sistemática, Ernesto Zedillo boicoteó la campaña de su propio partido. Su hipótesis es que el triunfo del PAN fue una condición de Estados Unidos para el préstamo de 40 mil millones de dólares para afrontar la crisis económica que conocemos como el Error de Diciembre. Transición democrática a cambio de rescate económico.
Otro ejemplo de que no hubo tal cosa como una transición democrática, fue la falsa investigación de los horrores del PRI.
Desde su toma de protesta el panista guanajuatense prometió que no se permitiría el espionaje ni la persecución política como lo hizo el régimen priista durante 7 décadas. En ese sentido, en 2002 se creó la Fiscalía Especial para los Movimientos Sociales y Políticos del Pasado, la Femospp. Dependía de la Procuraduría General de la República, la cual estaba a cargo Rafael Macedo de la Concha, militar y exagente de la Dirección Federal de Seguridad (DFS). De acuerdo con el gobierno panista, una fiscalía, a diferencia de una comisión de la verdad, “tendría dientes” para perseguir a los responsables.
A lo que esa fiscalía se refería con movimientos sociales y políticos del pasado, era a la Guerra Sucia, un doloroso periodo de nuestra historia en el que el Estado Mexicano reprimió, torturó y desapareció a todo tipo de disidencias políticas. Al menos 8 mil 594 personas fueron víctimas. 942 fueron desaparecidas. Desde médicos, ferrocarrileros, sindicalistas, campesinos y hasta estudiantes, fueron perseguidos por el Estado por oponerse al régimen. La famosa Dirección Federal de Seguridad fue su brazo ejecutor.
La Femospp, entonces, tenía la obligación de investigar los crímenes cometidos durante esos años y judicializarlos. Sin embargo, de acuerdo con el testimonio de la Doctora Ángeles Magdaleno, quien fuera la encargada del equipo que recabaría las pruebas necesarias a partir de los propios archivos de la DFS, desde que inició operaciones, la Fiscalía ya se tenía un informe preparado para el final de su gestión.
Ese informe se filtró al New York Times en febrero de 2006 (hay quien dice que se vendió), y sus conclusiones fueron tan ridículas como insultantes. Entre otras cosas, afirmaba que los propios habitantes del Multifamiliar de Tlatelolco, el que rodea la plaza de las 3 culturas, fueron quienes dispararon contra los estudiantes y militares el 2 de octubre de 1968. Eximiendo de toda responsabilidad al Ejército. El informe “oficial” presentado en noviembre de ese año no fue muy distinto.
De las más de 500 carpetas de investigación que tuvo abiertas la Femospp, solo se logró una sentencia condenatoria en 2007 contra un exagente de la DFS. Desde su nacimiento, esta Fiscalía fue una enorme simulación, el gobierno de la “transición democrática” no tenía ningún interés en castigar a los perpetradores. Más temprano que tarde, Fox utilizó este mecanismo como moneda de cambio para negociar y presionar al priismo para pasar sus reformas en el Congreso, desde donde se exigió frenar las investigaciones contra sus compañeros de partido a cambio.
Sobre este y otros casos investigamos en Expedientes Olvidados. Una producción del canal Veintidós que busca ser un ejercicio de memoria. En este programa que transmitimos todos los domingos a las 9 de la noche, buscamos evidenciar la complicidad de los poderes fácticos que hicieron posible la impunidad en los casos que marcaron nuestra historia nacional. En las heridas abiertas del México contemporáneo.
Mantener viva la memoria, contar los más oscuros episodios de nuestra historia, indignarnos en colectivo, nos permite acercarnos a la promesa de no repetir. Los medios públicos tenemos una responsabilidad ineludible en la batalla, no solo cultural, sino también mediática contra quienes apuestan al olvido: los jueces, los políticos corruptos que añoran el antiguo estado de las cosas, y por supuesto también los medios hegemónicos.
Nos vemos los domingos por la noche y nos leemos cada quince días en Manual para Cínicos.



