Luis Alberto Venado López fue noqueado de manera brutal por Angelo Leo en agosto pasado cuando defendía el campeonato mundial pluma de la Federación Internacional de Boxeo (FIB). Una zurda se estrelló con potencia en el rostro del mexicano; su cabeza se sacudió por el impacto y al caer rebotó laxa sobre la lona. Tumbado boca arriba y con la mirada extraviada, parecía buscar algo inexplicable en las lámparas que iluminaban el cuadrilátero. Después de varios segundos, logró reaccionar y se puso de pie, algo que algunos médicos evitan por protocolo, y preguntó perturbado: ¿Dónde estamos? Como si ese golpe hubiera borrado los 10 episodios de aquel duro combate en el Coliseo Tingley, en Alburquerque, Nuevo México.
Unos días después, Venado López publicó un breve video grabado desde su automóvil en el cual desmentía que le quedaran secuelas, que sólo había sido el susto, aunque dijo que había sufrido una pequeña hemorragia en el cerebro. Esa declaración desató versiones de que el peleador de Mexicali tenía una lesión que ponía en duda la posibilidad de volver al cuadrilátero.
Ni la salud ni la carrera del Venado López están en riesgo, desmintió ayer su manejador Enrique Kiki Magaña en conversación con La Jornada.
Después de la pelea se le hicieron pruebas por un posible sangrado menor, pero nunca se detectó algún derrame, por lo que se le hizo una resonancia para descartar cualquier secuela, agregó.
La Jornada



