Origen y evolución del Festival Alfonso Ortiz Tirado (FAOT)

20 de enero de 2026

Estamos en enero de 1985. El Museo Costumbrista de Sonora acaba de abrir sus puertas y el aire frío trae consigo un murmullo nuevo, una idea apenas naciente. Lo que hoy conocemos como el Festival Alfonso Ortiz Tirado no comenzó como un gran espectáculo, sino como una velada íntima llamada “Remembranzas”.

Así lo explica Juan Carlos Holguín, cronista de Álamos, quien recuerda que este sueño fue impulsado por mentes visionarias como Antonio Estrada y Ana Silvia Laborín, con el deseo de honrar la voz y la memoria del “Tenor de los Reyes”.

En sus primeros años, esa pequeña tertulia se celebraba en el auditorio del museo: un piano, pocas sillas y un público reducido. Fue hasta 1989 cuando la música cruzó el umbral y llegó al Palacio Municipal.

«Era tan pequeño realmente e iba tan poca gente que algo que pasaba muy curioso en Álamos… sí pasabas por el palacio cuando iba a empezar la noche de gala o que ya estaba la noche de gala, la gente del palacio o del museo, que te conocían, prácticamente te jalaban, te insistían que entraras porque las noches estaban solas… a veces sacábamos la vuelta a la banqueta del palacio porque sabíamos que si pasábamos te iban a insistir».

Hoy, ese mismo espacio se llena de voces, acentos y aplausos venidos de lejos. Y quizá ahí reside la esencia del FAOT: nació pequeño, casi en silencio, pero con una vocación tan profunda que terminó por enseñarle a Álamos —y al mundo— que la cultura también crece escuchándose primero en voz baja.

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