El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió que “una civilización entera morirá esta noche” si Irán no cumple con el ultimátum para alcanzar un acuerdo diplomático que incluya la reapertura del Estrecho de Ormuz. El mandatario insistió en que el plazo vence de manera definitiva a las 20:00 horas (tiempo de Washington).
Mientras la Casa Blanca mantiene su postura de fuerza, en la República Islámica la tensión ha alcanzado niveles críticos. El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, afirmó que 14 millones de personas se han voluntariado para combatir, mientras que funcionarios del gobierno instaron a jóvenes, atletas y académicos a formar cadenas humanas alrededor de plantas de energía y puntos estratégicos para intentar frenar posibles ataques.
Incluso antes de que expire el plazo fijado por la administración estadounidense, se han registrado ataques aéreos en territorio iraní que han impactado infraestructura de transporte, incluyendo dos puentes y una estación de tren, acciones que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, vinculó al uso de estas vías por parte de las fuerzas iraníes para el traslado de equipo militar. Asimismo, en el sector energético, fuerzas de Estados Unidos golpearon objetivos en la Isla de Kharg, centro neurálgico de la producción petrolera, siendo esta la segunda vez que el enclave es blanco de la ofensiva.
Por su parte, en la capital, Teherán, se reportaron bombardeos intensos en zonas residenciales y puentes estratégicos de ciudades como Karaj, Tabriz y Qom, mientras que Irán respondió con el lanzamiento de misiles balísticos y drones hacia Israel y Arabia Saudita, lo que provocó la interceptación de 11 artefactos y el cierre temporal del puente King Fahd en la frontera con Bahrein.
La parálisis del Estrecho de Ormuz continúa asfixiando la economía global. Trump ha condicionado el cese de ataques aéreos a la reapertura de esta vía, sugiriendo incluso la posibilidad de desplegar tropas terrestres para tomar el control del petróleo iraní.
A pesar de las amenazas de Trump de reducir las plantas de energía a «escombros humeantes» y eliminar todos los puentes del país en cuestión de horas, el secretario de Derechos Humanos de la ONU, Volker Türk, y el canciller francés, Jean-Noël Barrot, han expresado su alarma. Barrot advirtió que los ataques contra infraestructura civil y energética podrían constituir crímenes de guerra, una acusación que el presidente Trump ha descartado asegurando que no le preocupa «en lo más mínimo».
A pocas horas de que venza el plazo, mediadores de Egipto, Turquía y Pakistán trabajan de forma intensiva para alcanzar un compromiso. Fuentes diplomáticas indican que las conversaciones indirectas continúan; Irán vincula la reapertura del estrecho al levantamiento de sanciones, mientras que Estados Unidos se muestra abierto a flexibilizar algunas restricciones en el sector petrolero para estabilizar los mercados internacionales.
El ambiente en Teherán es sombrío. Residentes locales han expresado su temor de que, si los servicios básicos de electricidad, agua y gas son destruidos, el país regrese a lo que Trump denominó la «Edad de Piedra». Hasta el momento, se estima que más de 1,900 personas han muerto en Irán desde el inicio de las hostilidades, aunque las cifras oficiales no han sido actualizadas en días.



