Voces en el viento: Día seis en el Ortiz Tirado

26 de enero de 2023

por Río Silba

sobre ciertos eventos ocurridos

el 25 de enero de 2023

en Álamos, Sonora

 

Es cierto que las cosas pasan rápido

o quizás

lo más apropiado sea decir

que las cosas pasan casi al mismo tiempo, atropellándose.

Cuando los festivales tienen múltiples escenarios

es imposible cubrirlo todo

abarcar la totalidad de los discursos y tararear todas las canciones

pero esta es conocida como la naturaleza

no solo de los festivales contemporáneos sino también

del funcionamiento que tiene el mundo en que vivimos.

Estamos condicionados por los estímulos sensoriales que nuestro cerebro recibe

así, toda esa información que procura entender

que procura

que las cosas no terminen en algún vertedero del inconsciente

quiere que lo percibido sea útil

quiere convertirse en algo más

algo que sobrepase nuestra infinita sed por el entretenimiento.

 

Son las 3:33 de un miércoles

y veo que el cielo tiene dunas blancas

terciopelo de nubes

y ante la imagen

hago lo posible por frenar el ritmo con que mi cerebro ha vivido en los últimos días.

 

Enchiladas rojas en el Reyna

un restaurante donde he venido a diario en los últimos cuatro días

y Gabriel

el hombre de guitarrazos y voz melodiosa que ambienta el lugar

me platica su historia o más bien

me toma como terreno por donde su vida fluye

como un riachuelo que apenas escucho por el bajo volumen de su voz

recuerdos de un pasado en Estados Unidos

donde residen sus hijos

con quienes, entiendo, ha tenido problemas

y ahora vive en Álamos

en una casa que se encuentra a su espalda

o hacia allá apunta

pero detrás de él solo hay tres perros

ladrándole a un joven corredor que va cuesta abajo

y una señora abre la puerta frontal de su casa

para darles carnaza a los canes

y luego ellos se van a continuar su vigilancia terrateniente a otra parte.

 

Me dirijo de nuevo al templo de la Purísima Concepción

para escuchar un cuarteto

en mi espera

escucho a una mujer realizar cantos de meditación junto a mí en la banca

y esto me resulta extraño y me interesa

es la misma mujer que más tarde me encontraré presentando su libro

que habla sobre sonido educación y neurociencia

La voz es la entrega de nuestro yo íntegro

Necesitamos escuchar nuestra voz en soledad

en el desierto de nuestro ser

para poder entregarla con pleno conocimiento y libertad

a aquel que nos escucha

dice Leticia T. Varela Ruiz

en el mismo patio del Museo costumbrista

donde jamás antes había estado de noche

y todos sabemos cómo cambian las cosas cuando la luz del día deja de tocarlas

había un aire de misterio

de ciencia ficción incluso

y yo de nuevo me sentía en una película o en un sueño

y Leticia hablaba sobre el sonido que viaja desde el oído

hasta la espina dorsal que hace vibrar los huesos pélvicos

que trasportan los primeros aconteceres acústicos al oído de un bebé

y yo escuchaba esto mientras veía una luz blanca que llegaba de frente

una luz que tocaba el rostro del público

y lo volví a escuchar en voz de Susana Zabaleta

que llenó el palacio y dijo algo sobre la importancia que tiene la música

para sentirnos acompañados.

 

Peculiar fenómeno el de la fama

jamás deja de impresionarme nuestra capacidad de idolatría

eso que producen los seres que vemos en pantallas

la continua alabanza

en este caso de la actitud mordaz que causa aplauso y carcajada

y la mujer junto a mí no deja decir sí sí, bendito Dios, qué bonito, amén

y asiente a todo lo que Zabaleta dice

como si una santa se hubiera aparecido para dar luz y guía

y las personas contemplan en sus pantallas

lo que pasa frente a ellos, en el escenario

canto actitud palabras picardía vestidos y poemas

ligereza y sensualidad

y Héctor Acosta

cabello agitado brazos hombros y sudor

con la batuta dirige la construcción de una catedral de sonido en mi mente

la Orquesta Filarmónica de Sonora

el performance que ha llenado a más no poder el espacio

el evento que ha movido a la masa

el chisme de una experiencia espectacular

más cuando Zabaleta saca a un hombre que la interrumpe al hablar

o cuando se baja del escenario

y camina entre nosotros

seguida por la luz del reflector

los ojos de su guarura saliendo de sus cuencas

secándose el sudor que tanto nerviosismo causa en sus manos

y las cámaras de cientos de celulares que graban sin parar la experiencia

como si vivirla jamás fuera suficiente

la adoración

y yo me pregunto

mientras tomo vino blanco y el fuego crepita en la chimenea de un lugar que seguramente causará un futuro pesar en mis bolsillos

me pregunto

qué pasará ahora en el Ortiz Tirado

y también

qué escuchará la gente más tarde

en el desierto de su soledad.

 

Volverá pronto la normalidad de las cosas

y entonces tendrá eco todo lo vivido en estos días

volverán ciertos recuerdos

y quizás la gente consulte todo lo que ha grabado en su teléfono

aunque lo dudo

en verdad que lo dudo

porque lo sabrán

sabrán que todo esto

el verdadero eco de lo presenciado sobre el escenario del festival

no viene de ninguna memoria virtual

sino de lo comprendido en el espacio intangible de la mente

el único espacio en donde nos refugiamos de vez en cuando para entender mejor

qué es lo que acaba de pasar

y desde ahí surgirá con mayor potencia

nuestra propia voz

y escucharemos el canto

en las casas y las calles

en las cocinas y los callejones

escucharemos más música

más voces en todo lugar.

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