por Río Silba
sobre ciertos eventos ocurridos
el 25 de enero de 2023
en Álamos, Sonora
Es cierto que las cosas pasan rápido
o quizás
lo más apropiado sea decir
que las cosas pasan casi al mismo tiempo, atropellándose.
Cuando los festivales tienen múltiples escenarios
es imposible cubrirlo todo
abarcar la totalidad de los discursos y tararear todas las canciones
pero esta es conocida como la naturaleza
no solo de los festivales contemporáneos sino también
del funcionamiento que tiene el mundo en que vivimos.
Estamos condicionados por los estímulos sensoriales que nuestro cerebro recibe
así, toda esa información que procura entender
que procura
que las cosas no terminen en algún vertedero del inconsciente
quiere que lo percibido sea útil
quiere convertirse en algo más
algo que sobrepase nuestra infinita sed por el entretenimiento.
Son las 3:33 de un miércoles
y veo que el cielo tiene dunas blancas
terciopelo de nubes
y ante la imagen
hago lo posible por frenar el ritmo con que mi cerebro ha vivido en los últimos días.
Enchiladas rojas en el Reyna
un restaurante donde he venido a diario en los últimos cuatro días
y Gabriel
el hombre de guitarrazos y voz melodiosa que ambienta el lugar
me platica su historia o más bien
me toma como terreno por donde su vida fluye
como un riachuelo que apenas escucho por el bajo volumen de su voz
recuerdos de un pasado en Estados Unidos
donde residen sus hijos
con quienes, entiendo, ha tenido problemas
y ahora vive en Álamos
en una casa que se encuentra a su espalda
o hacia allá apunta
pero detrás de él solo hay tres perros
ladrándole a un joven corredor que va cuesta abajo
y una señora abre la puerta frontal de su casa
para darles carnaza a los canes
y luego ellos se van a continuar su vigilancia terrateniente a otra parte.
Me dirijo de nuevo al templo de la Purísima Concepción
para escuchar un cuarteto
en mi espera
escucho a una mujer realizar cantos de meditación junto a mí en la banca
y esto me resulta extraño y me interesa
es la misma mujer que más tarde me encontraré presentando su libro
que habla sobre sonido educación y neurociencia
La voz es la entrega de nuestro yo íntegro
Necesitamos escuchar nuestra voz en soledad
en el desierto de nuestro ser
para poder entregarla con pleno conocimiento y libertad
a aquel que nos escucha
dice Leticia T. Varela Ruiz
en el mismo patio del Museo costumbrista
donde jamás antes había estado de noche
y todos sabemos cómo cambian las cosas cuando la luz del día deja de tocarlas
había un aire de misterio
de ciencia ficción incluso
y yo de nuevo me sentía en una película o en un sueño
y Leticia hablaba sobre el sonido que viaja desde el oído
hasta la espina dorsal que hace vibrar los huesos pélvicos
que trasportan los primeros aconteceres acústicos al oído de un bebé
y yo escuchaba esto mientras veía una luz blanca que llegaba de frente
una luz que tocaba el rostro del público
y lo volví a escuchar en voz de Susana Zabaleta
que llenó el palacio y dijo algo sobre la importancia que tiene la música
para sentirnos acompañados.
Peculiar fenómeno el de la fama
jamás deja de impresionarme nuestra capacidad de idolatría
eso que producen los seres que vemos en pantallas
la continua alabanza
en este caso de la actitud mordaz que causa aplauso y carcajada
y la mujer junto a mí no deja decir sí sí, bendito Dios, qué bonito, amén
y asiente a todo lo que Zabaleta dice
como si una santa se hubiera aparecido para dar luz y guía
y las personas contemplan en sus pantallas
lo que pasa frente a ellos, en el escenario
canto actitud palabras picardía vestidos y poemas
ligereza y sensualidad
y Héctor Acosta
cabello agitado brazos hombros y sudor
con la batuta dirige la construcción de una catedral de sonido en mi mente
la Orquesta Filarmónica de Sonora
el performance que ha llenado a más no poder el espacio
el evento que ha movido a la masa
el chisme de una experiencia espectacular
más cuando Zabaleta saca a un hombre que la interrumpe al hablar
o cuando se baja del escenario
y camina entre nosotros
seguida por la luz del reflector
los ojos de su guarura saliendo de sus cuencas
secándose el sudor que tanto nerviosismo causa en sus manos
y las cámaras de cientos de celulares que graban sin parar la experiencia
como si vivirla jamás fuera suficiente
la adoración
y yo me pregunto
mientras tomo vino blanco y el fuego crepita en la chimenea de un lugar que seguramente causará un futuro pesar en mis bolsillos
me pregunto
qué pasará ahora en el Ortiz Tirado
y también
qué escuchará la gente más tarde
en el desierto de su soledad.
Volverá pronto la normalidad de las cosas
y entonces tendrá eco todo lo vivido en estos días
volverán ciertos recuerdos
y quizás la gente consulte todo lo que ha grabado en su teléfono
aunque lo dudo
en verdad que lo dudo
porque lo sabrán
sabrán que todo esto
el verdadero eco de lo presenciado sobre el escenario del festival
no viene de ninguna memoria virtual
sino de lo comprendido en el espacio intangible de la mente
el único espacio en donde nos refugiamos de vez en cuando para entender mejor
qué es lo que acaba de pasar
y desde ahí surgirá con mayor potencia
nuestra propia voz
y escucharemos el canto
en las casas y las calles
en las cocinas y los callejones
escucharemos más música
más voces en todo lugar.



