Voces en el viento: Día cuatro en el Ortiz Tirado

24 de enero de 2023

por Río Silba

Sobre ciertos eventos que ocurrieron

el 23 de enero de 2023

en Álamos, Sonora

Lunes soleado

el viento sopla con fuerza

algunas nubes se acercan desde el oeste

emergen desde la corona de los cerros

oscuras y dramáticas

mientras cruzo un puente y entro por el umbral de la Hacienda Los Santos

un lugar donde cada detalle remite al arduo trabajo

que sus propietarios estadounidenses encomendaron a artesanos de Álamos

para que se emanara la inmediata noción

de que solo personas de alto estrato económico

pueden pagar una habitación en este hotel

cuyos orígenes remontan a un español del siglo 17

que llegó a Álamos para enriquecer sus bolsillos con la mina de plata.

 

Entro a una pequeña capilla

apenas alcanzo a sentarme en una de las últimas butacas.

Las tonalidades de los muros y el cielo raso dan al aire un tinte dorado

cantantes y artistas entran y nos dan la espalda, ellos vestidos de negro

ella de rojo, comienzan a lanzar cánticos perturbadores

anuncian al compositor que interpretarán

Stra-stra-stravinsky Stravinnnnsky Stravinskyyyy

Y entonces su teatralidad se desenvuelve

y reconozco a lo largo de su presentación que es posible experimentar

¿cómo pude alguna vez dudarlo

si tantísimos ejemplos han habido?

que lo sacrosanto escenifica muy bien las historias de una pesadilla.

Rostros blanquísimos de maquillaje, disfraces máscaras

gallo zorro gato carnero y marionetas

y el canto grave en ruso de tenores y barítonos

resonando en el relieve de un muro de fondo donde alcanzo a ver

el rostro multiplicado de querubines

bebés que sobresalen de la superficie alrededor de un cristo dorado

sepulcros que suscitan adoración.

Y veo al público, personas con los ojos cerrados

la cabeza inclinada ligeramente a la derecha

rostros iluminados por la luz que ingresa a través de las arqueadas ventanas

que hay a cada lado de la capilla.

Y cuando salgo me encuentro con la mujer francesa

con quien días antes había intercambiado algunas palabras.

La había visto antes con lentes oscuros y un aire pensativo

como si reflexionara el festival más que disfrutarlo o experimentarlo, quiero decir

como si todo lo que pasara en los escenarios fuera un enigma que debiera descifrar

y la saludo

e inmediatamente me pregunta qué me ha parecido

y yo le digo me gustó, me dio miedo

y ella me dice las máscaras de animales

han tenido a lo largo de la vida humana

una estrecha relación con el paganismo

y a ti quise saber qué te ha parecido el festival hasta ahora

Y en un inglés afrancesado me dice

ha sido como estar en un paréntesis en el tiempo

me encanta ver que todo sucede aquí

los cantantes ensayan mientras caminan por la calle

y veo a los adolescentes con sus uniformes

 jugar con aerosoles de espuma

y a los pianistas andar trajeados con su cuadernillo en la mano

me gusta que todos tengamos lugar para apreciar espectáculos

que regularmente están solo destinados para personas del alto estrato social

dice y se despide

y yo me quedo pensando en esto

mientras veo a dos perros seguir a un hombre que trae en sus manos

unos tostilocos, ¡súbete a la banqueta! me dice alguno

de los tres niños que en moto van montados

y yo hago caso mientras me dirijo a tomar asiento

antes de que la soprano Anabell Garfio comience a cantar en el Palacio

y al comenzar

experimento la euforia de encontrarme por unos segundos ante su mirada

una mirada que sostenemos y me dice cosas

intraducibles al lenguaje de las palabras

y después sigo dando vueltas en el tiempo

y sobre la tela del su vestido titilan lentejuelas

con la fuerza de las estrellas

y el cabello del pianista Martin Wacks se agita con facilidad

mientras la suela de sus zapatos sigue gastándose en los pedales.

Cierro los ojos y la música me sumerge en un mundo acuático

y vuelvo a la superficie mexicana

cuando Anabell sorprende al público con un mariachi

y todos comienzan a cantar

Ay, ay, ay-ay, canta y no llores

Y con esto ya es suficiente como para decidir

que es tiempo de unirme a las callejoneadas de la Estudiantina.

 

Cantamos

y dos hombres nos entregan vasitos de plástico

que llenan de a gratis con vino.

El viento sopla frío y con fuerza

y todos nos empeñamos en tomar inteligente distancia

de las cansadas patas del burro

un burrito blanco de mirada melancólica

que carga dos garrafas de vino tinto y blanco

y después de callejones y bailes

deteniendo todo tráfico vehicular a nuestro paso

tras vasito y vasito me detengo

para ver cómo funciona el paréntesis en la oración larga de la noche

una oración rimada y loca

que sigue su curso.

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