Entre aranceles y tribunales: lo que está en juego para la economía de México y Sonora

26 de febrero de 2026

La política comercial de Estados Unidos, en ciertos momentos, parece una montaña rusa. El pasado el 25 de septiembre de 2025 el gobierno norteamericano anunció un arancel general del 25 por ciento a las importaciones mexicanas bajo el argumento de emergencia nacional. Posteriormente provoca demandas, incertidumbre en los mercados financieros, ajustes en contrato y finalmente la Corte Suprema estadounidense determina que ese mecanismo legal no puede usarse para imponer aranceles generales. Resultado, el temido arancel no se consolidó como impuesto permanente a las importaciones de bienes y servicios por parte del gobierno norteamericano.

El efecto más adverso fue mitigado, sin embargo, el mensaje político quedó en el aire: la política comercial puede cambiar rápido, y cuando eso ocurre, el impacto para México y particularmente para Sonora se observa en el corto plazo. De manera simultánea, las declaraciones posteriores desde Washington han dejado claro que van a imponer un arancel del 10 por ciento. Se frenó el 25 por ciento, pero la incertidumbre no desapareció y en comercio internacional, la incertidumbre pesa casi tanto como el impuesto mismo.

Las empresas mexicanas exportadoras comercializan exporta alrededor del 80 por ciento de sus bienes a Estados Unidos, al igual que las sonorenses. Todos los días cruzan por la frontera norteamericana automóviles, autopartes, electrónicos, agro alimentos, dispositivos médicos y maquinaria, si el arancel hubiera entrado plenamente en vigor, habría significado un impacto sistémico para la economía mexicana y sonorense equivalente a decenas de miles de millones de dólares. Este impuesto no lo pagaba formalmente el exportador mexicano, sino el importador en Estados Unidos, pero en la práctica:

  • Parte se habría trasladado al consumidor estadounidense.
  • Parte habría sido absorbida por las empresas mexicanas vía menores precios.
  • Parte habría reducido márgenes y empleo en México.

Por lo pronto, el escenario extremo de política arancelaria se desactivó, lo cual es buena noticia. Sin embargo, el solo hecho de que se haya intentado genera un nuevo cálculo en riesgos y costos en las empresas además deja una serie de interrogantes ¿y si vuelve? ¿y si ahora es del 10 por ciento? ¿y si cambia el fundamento legal? El efecto no es solo arancelario, es un impacto financiero por la prima de riesgo, es de confianza por la incertidumbre generada, es de planeación al no poder estimar proyecciones de las variables reales.

Para la economía de Sonora el tema no es abstracto, es concreto. La planta de Ford en Hermosillo y su red de proveedores dependen del mercado estadounidense, un arancel general habría encarecido cada vehículo exportado. A pesar de que el 25 por ciento no se convirtió en política permanente, el simple riesgo puede frenar inversiones futuras o ampliaciones de empresas ya instaladas. En la industria automotriz, los contratos se firman a largo plazo, si las reglas cambian cada año, la inversión se vuelve más cautelosa.

La uva de mesa, hortalizas y ganado cruzan por Nogales y Agua Prieta en ventanas muy específicas de tiempo. Un arancel del 25 por ciento habría sido devastador para productores que trabajan con márgenes estrechos en la actividad agropecuaria. Hoy no existe ese impuesto, pero la incertidumbre obliga a productores a pensar en coberturas, diversificación y mayor disciplina financiera.

Las empresas exportadoras de la entidad no pueden asumir que el riesgo desapareció, deben tener cautela. La política comercial estadounidense seguirá siendo un factor político en año electoral y en negociaciones comerciales. En el mediano plazo, el escenario dependerá de tres factores:

  1. Si se intenta reintroducir un arancel general por otra vía legal.
  2. Cómo se encamine la revisión del T-MEC.
  3. Si México fortalece su posición como socio estratégico confiable.

Si prevalece la institucionalidad y el respeto a los tratados, México y Sonora pueden consolidarse como destino clave de nearshoring. Si predomina la confrontación comercial, la prima de riesgo aumentará y las decisiones de inversión se moverán con mayor lentitud. Frente a un entorno donde la política comercial de Estados Unidos puede cambiar con rapidez, las estrategias de los gobiernos de México y Sonora no pueden quedarse reaccionando; deben anticiparse. Estas son acciones concretas que podrían fortalecer:

  • La diplomacia económica con Estados Unidos.
  • Defender activamente el T-MEC y las reglas de origen.
  • Acelerar infraestructura fronteriza y logística para reducir costos estructurales.
  • Diversificar mercados sin abandonar el ancla estadounidense.
  • Impulsar valor agregado local en cadenas automotrices y agroindustriales.
  • Fortalecer el Puerto de Guaymas como alternativa logística estratégica.
  • Apoyar a PYMES exportadoras con asesoría en cobertura cambiaria y gestión de riesgo.

En conclusión, la buena noticia es que el temido 25 por ciento general no se consolidó. La realidad es que la incertidumbre comercial llegó para quedarse como variable estructural. Tanto México y Sonora no pueden controlar la política estadounidense, pero sí pueden fortalecer su competitividad, su institucionalidad y su resiliencia. En economía, como en la vida, no siempre podemos evitar la tormenta, pero sí podemos preparar mejor el barco. Y hoy, más que nunca, se trata de navegar con cabeza fría.

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