Escribir para la gente que ama y sufre puede parecer un propósito llano, una intención noble en cualquiera de sus formas. A pesar de que esa fue la intención expresa de la poeta yucateca Rosario Sansores, ella fue uno de esos casos donde la obra artística genera un rechazo por no ajustarse a una convención social, la corriente o tendencia en turno.
Nacida en la blanca Mérida, Yucatán, el 25 de agosto de 1889, Rosario creció en el seno de una familia acomodada. Aunque su infancia se desarrolló en dichas circunstancias, la muerte de su padre a los 13 años cambiaría el rumbo de su vida.
De Mérida a La Habana: una partida prematura
Desde muy joven empezó a escribir poesía. La desaprobación de su familia era la constante cultural, pues en la alta burguesía no se veía bien que una «señorita de sociedad» se interesara, entre otras cosas, por la literatura. Tal vez por eso, o en afán de buscar su propia libertad, con apenas 14 años, se casó con el cubano Antonio Sangenís y se trasladó a La Habana.
Ahí vivió durante 23 años, donde nacieron sus hijas Blanca y Beatriz. En la isla también iniciaría su brillante carrera periodística, al colaborar en medios reconocidos como el Diario de la Marina, El País y la Revista Bohemia, entre otros, empleando los seudónimos Crysanteme, Blanca de Baelieu, Rosalinda Seymur y Solange.

Periodismo y narrativa, fórmula de la crónica social moderna
Apasionada escritora y periodista incansable, reunió su trabajo en nueve poemarios en verso y en el poemario en prosa El breviario de Eros (1946).
Cuando volvió a México en 1932, Rosario Sansores retomó el periodismo en revistas como Hoy y Todo, y más tarde en el diario Novedades. Su columna diaria «Rutas de la emoción» y otros textos se convirtieron en lectura obligada, por lo que más tarde se le reconocería como la periodista que introdujo la crónica de sociales, pues antes de ello el formato se limitaba a enumerar datos, enlistar nombres o lugares. La influencia de Rosario, humana, narrativa y biográfica daría lugar después a la creación de la obra El libro azul de la sociedad mexicana, publicada el mismo año que El breviario de Eros.
El escritor Antonio Mediz Bolio, le puso cariñosamente el epíteto de «La alondra», en alusión a la musicalidad que se encontraba en su escritura.

El poema que se convirtió en el segundo himno de Ecuador
En 1933 publicó el poemario La novia del sol. Entre los 104 textos que incluía, el público conoció el que sería su poema más célebre: «Cuando tú te hayas ido». Y es que, por azares del destino, el compositor y pianista ecuatoriano Carlos Brito Benavides leyó estos versos, se dice, en un momento de profundo dolor por la muerte de su madre, por lo que decidió musicalizarlos en ritmo de pasillo bajo el título de «Sombras».
La canción se popularizó en todo el continente, con cientos de versiones interpretadas por artistas como Raphael, Julio Iglesias y José Feliciano. Su éxito en Ecuador fue tan grande que hoy se la considera prácticamente el segundo himno nacional. Por ello, el gobierno ecuatoriano otorgó a Rosario la presea «La Lira Poética» y la reconoció como «Hija Favorita».
Cuando tú te hayas ido me envolverán las sombras.
Cuando tú te hayas ido con mi dolor a solas
evocaré este idilio con sus azules horas.
Cuando tú te hayas ido me envolverán las sombras.
Y en la penumbra vaga de la pequeña alcoba
donde una tibia tarde me acariciaste toda,
te buscarán mis brazos, te buscará mi boca,
y aspiraré en el aire aquel olor a rosa.
Cuando tú te hayas ido me envolverán las sombras.
Cuando llegue el olvido marchitarán las rosas.
Cuando llegue el olvido mi verso se hará prosa,
no cantaré a tus ojos ni cantaré a tu boca;
te habrás ido en las sombras.
Cuando tú te hayas ido en pos de otra quimera,
te llorará en las noches mi corazón que espera.
En la penumbra vaga de esta vereda triste
testigo silencioso de todas nuestras cosas,
yo te daré mis besos y buscaré tu boca.
Cuando tú te hayas ido te perderé en las sombras.
El orgullo de ser catalogada como «cursi»
A pesar de su gran éxito, la crítica literaria de la época solía calificar su obra neorromántica de “cursi” o “anticuada”, al separarse de las vanguardias del siglo XX. Sin embargo, Rosario jamás se dejó amedrentar. En una conocida entrevista con la escritora Elena Poniatowska, afirmó entre sonrisas:
«Sí, sí, la gente dice que soy cursi. Imagínate si no voy a saberlo. Pero no me preocupa. Al contrario, me halaga. La gente que sabe que soy cursi demuestra que me ha leído, y eso es lo único que importa».

La propia Poniatowska la recordaba con mucho cariño, resaltando que Rosario “llevaba unos sombreros tan grandes que casi no cabían en el elevador” y lamentando que la justicia literaria tardara tanto en revalorarla. Hoy, su poesía puede apreciarse no solo por su sensibilidad, sino también por ser la voz de una mujer, moderna a su manera y rebelde ante los paradigmas culturales, que tomó la valentía de escribir en torno al erotismo y al placer en obras como su poemario en prosa El breviario de Eros.
Rosario Sansores Prén falleció en la Ciudad de México el 7 de enero de 1972. Ella se fue y su cuerpo no habita este mundo. Pero su lírica es un recordatorio de una autenticidad y una genialidad artística que radica en la sencillez del amor más sensible.
Poesía y música, convergencia de artes
Además de Brito Benavides, varios músicos pusieron música a versos de Sansores. Entre ellos se encuentran los poemas «Alondra Fugitiva», «Ausencia», «Filosofía», «Tengo celos» y «Mientras tú me quieras».
Su texto «Filosofía» es un soneto en versos alejandrinos, de catorce sílabas:
¡Del pecado de amarte no estoy arrepentida!
Aunque un oscuro abismo nos separe a los dos,
en tanto que risueña te doy mi despedida
mis ojos se iluminan para decirte adiós.
No nos debemos nada. Tú me diste tu boca
límpida como el agua fresca del manantial.
Yo apagué en la cisterna mi sed ardiente y loca
y te enlacé en mis brazos, amorosa y sensual.
Peregrinos errantes, nuestra ruta seguimos:
si dos sendas opuestas, al azar elegimos,
¿para qué rebelarnos con violenta actitud?
Fuiste mío. Fui tuya. ¡Lo demás nada importa!
¡Oh, mi amante de un día, nuestra vida es tan corta
que no vale la pena de sufrir su inquietud!
Por otra parte, «Tengo celos» es también un soneto, aunque en endecasílabos:
Tengo celos ¿no sabes? Tengo celos
de todas las mujeres que has amado:
de las bocas en flor, donde has saciado
la locura de todos los anhelos.
En mis lúgubres noches de desvelos,
me atormenta el recuerdo despiadado
mientras mi corazón apasionado
quiere en vano luchar con sus recelos.
Cuando poso en tu faz mi boca ardiente,
me parece que cruzan por tu frente
las risueñas visiones del pasado.
¡Odio entonces tus brazos vigorosos
y aborrezco tus ojos luminosos
donde tantas pupilas se han mirado!
«Me vestí de negro» podría ser uno de los poemas más representativos de la autora, cuyo tema central gira en torno a la costumbre del luto:
Me vestí de negro.
Me vestí de negro cuando te marchaste,
me vestí de negro…
y en torno a mis ojos oscuros y graves
se formó un gran cerco.
Me vestí de negro. Mi traje rosado.
lo guardé angustiada dentro del ropero…
¡Ya que tus pupilas no me acariciaban
dejé de rizarme también el cabello!
Ni sedas, ni lujo… ni rojo en los labios,
¡no iban a tentarte con su aroma fresco!
Guardé los perfumes. dejé de pintarme.
dejé de mirarme también al espejo…
Y de pronto, un día, todo fue cambiando.
te fuiste borrando dentro de mi pecho.
otra voz de hombre comenzó a arrullarme
y me fui quitando mi vestido negro.
Qué tonta, me dije, vestirme de lutos
por aquel ingrato que no lo merece…
y otra vez brillaron mis ojos oscuros
y fui como un árbol cuando reverdece.
Ahora tu recuerdo no me causa daño.
Estás de mi vida tan lejos, tan lejos…
que olvidé tus labios
por otros más dulces henchidos de besos…
Referencias:
https://www.revistayucatan.com/v1/politica/rosario-la-novia-del-sol/
https://www.facebook.com/watch/?v=2586797028315649
https://bibliotecavirtual.yucatan.gob.mx/pages/autores?id=46


