Del mar a las estrellas: la demostración del telescopio de Galileo o una revolución científica

25 de agosto de 2026

El 25 de agosto de 1609, Galileo Galilei presentó ante las autoridades de Venecia un telescopio construido y perfeccionado por él. Aquel instrumento, pensado inicialmente para observar a distancia, terminaría por convertirse en una de las herramientas que transformaron para siempre nuestra manera de entender el universo.


En el siglo XVII, el conocimiento científico estaba muy influenciado por las ideas de Aristóteles y Ptolomeo, de modo que la Iglesia había adoptado dogmáticamente el modelo geocéntrico para comprender el Universo (la Tierra en el centro), lo que se alineaba con la escritura bíblica y dificultaba cualquier debate sobre el cosmos.

Un prototipo que provino de Holanda

Galileo no fue el inventor original del telescopio. Las primeras noticias de este instrumento vinieron de los Países Bajos, donde en 1608 el fabricante de lentes Hans Lippershey habría solicitado una patente para un aparato capaz de acercar objetos lejanos. La simple idea de colocar una lente convexa y otra cóncava en los extremos de un tubo pronto se difundió por Europa y llegó a oídos de Galileo en uno o dos años. Al enterarse en 1609, Galileo decidió averiguar cómo funcionaba y construir su propia versión.

Astrónomo, matemático y físico italiano considerado uno de los iniciadores de la revolución científica.

La demostración en Venecia

Tras mejorar rápidamente sus primeros modelos, Galileo llevó a Venecia un telescopio capaz de aumentar la imagen unas ocho o nueve veces. El 21 de agosto realizó una demostración ante algunos nobles y senadores venecianos, y pocos días después presentó formalmente el instrumento a las autoridades de la República. La tradición histórica ubica su presentación ante el Senado el 25 de agosto de 1609, aunque las fuentes documentales también registran actos y demostraciones entre el 21 y el 24 de ese mes.

En ese entonces, la fascinación ante el método y objeto de estudio no demoró, pues los espectadores atestiguaron cómo la isla de Murano, ubicada a dos kilómetros y medio parecía estar tan solo a unos metros.

Galileo mostrando al duque de Venecia cómo usar el telescopio. Fresco de Giuseppe Bertini (1825-1898).

Un instrumento útil para la República

En ese momento, el mayor atractivo del telescopio no apuntaba hacia el espacio, sino en sus posibles usos prácticos. Galileo explicó que podía servir para observar barcos a gran distancia y detectar movimientos del adversario, una ventaja importante que apuntaba más a tácticas militares que hallazgos astronómicos. La demostración fue tan bien recibida que la República de Venecia reconoció sus servicios y reforzó su posición como profesor en la Universidad de Padua.

Cuando el telescopio apuntó al cielo

El verdadero alcance de aquel invento se reveló poco después, cuando Galileo apuntó su mirada al firmamento. Con telescopios cada vez más potentes, observó las irregularidades de la superficie lunar, descubrió que la Vía Láctea estaba compuesta por innumerables estrellas y, el 7 de enero de 1610, hizo un hallazgo crucial: detectó tres pequeñas estrellas cerca de Júpiter. Tras varias noches de observación, comprobó que eran cuatro y que orbitaban alrededor del planeta. Eran los satélites de Júpiter que hoy conocemos como los satélites galileanos: Calisto, Europa, Ganimedes e Ío.

Sin embargo, el hallazgo más significativo de Galileo no fueron los detalles de la Luna o los satélites de Júpiter, sino su observación de las manchas solares en el Sol con su telescopio. Estas ya se conocían desde la Antigüedad, pero gracias al uso de filtros, Galileo pudo ver cosas que nadie había visto antes. Así describió lo que observó:

Las manchas oscuras que se ven en el disco solar por medio del telescopio no están en absoluto alejadas de su superficie, sino que están contiguas a ella o separadas por un intervalo tan pequeño que resulta imperceptible… Su duración varía de uno o dos días a treinta o cuarenta. En su mayor parte son de forma muy irregular, y sus formas cambian continuamente, algunas rápida y violentamente, otras más lenta y moderadamente… Además de todos estos movimientos desordenados tienen en común un movimiento uniforme general a través de la cara del sol en líneas paralelas. De las características especiales de este movimiento uno puede aprender que el sol es absolutamente esférico, que rota de oeste a este y sobre su propio eje, que lleva las manchas con él en círculos paralelos, y que completa una revolución entera en aproximadamente un mes lunar.

Una nueva forma de mirar

La importancia de aquella demostración en Venecia va más allá de la presentación de un instrumento novedoso. Galileo no creó el primer telescopio, pero su trabajo ayudó a comprender con mayor solvencia la complejidad de la naturaleza y el universo, pues incluso el dogma o la certeza más arraigada pueden debatirse a través de la observación y el método científico.

El juicio del Santo Oficio

Ptolomeo postulaba que la Tierra era el centro del universo, una idea aceptada por la Iglesia porque colocaba a la humanidad en el centro de la creación. Copérnico propuso, en cambio, que la Tierra y los demás planetas giraban alrededor del Sol. Aunque no negaba la existencia de Dios, el apoyo de Galileo a esta teoría y sus enfrentamientos personales con otros estudiosos fueron el inicio de sus conflictos con la Iglesia.

Galileo distinguía entre la teología y el estudio de la naturaleza. Sus observaciones mostraban que la Tierra y el cielo obedecían las mismas leyes físicas, lo que cuestionaba la visión aristotélica. En 1616, el cardenal Belarmino le pidió que dejara de defender el copernicanismo, y Galileo aceptó temporalmente. Sin embargo, la teoría siguió ganando seguidores, junto con modelos intermedios como el de Tycho Brahe.

En 1632, Galileo publicó Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo tolemaico e copernicano (Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo), una obra en la que comparaba los modelos ptolemaico y copernicano. La Iglesia consideró que el libro iba demasiado lejos y lo acusó de herejía. En 1633 fue declarado culpable, obligado a retractarse y condenado a arresto domiciliario en Florencia. Además, tuvo que recitar los Salmos Penitenciales durante tres años. Su caso fue excepcional y no representa por sí solo la relación general entre ciencia y religión en esa época.

Galileo se enfrenta a la Inquisición romana. Pintura por Cristiano Banti.

Vida en el retiro

Durante su retiro, Galileo trabajó en un reloj de péndulo y terminó en 1638 Discurso y demostración matemática, en torno a dos nuevas ciencias, publicado en Leiden. Con el tiempo perdió la vista, algunos dicen que por la constante observación a los astros, otros que por apuntar directamente al sol, y finalmente padeció artritis, aunque recibió algunas visitas foráneas, entre ellas la del poeta inglés John Milton.

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