La mesa se ha improvisado con unos tablones sobre la arena. La anfitriona, la Baronesa Eloise Bosquets de Wagner Wehrhorn, canta en francés. La comida ofrecida a los invitados es la misma que poco antes les robó.
Margaret —dice la anfitriona, interrumpiendo su canto—: Debes decirnos todo sobre el nacimiento de tu bebé. ¿Fue divertido?
La invitada no sabe cómo contestar. Dar a luz en una isla inhóspita, siendo casi devorada por perros bravos en el proceso, no es asunto fácil de digerir. Y menos si en la mesa está viendo la que fuera sus reservas de comida.
Técnicos o rudos
Edén (Ron Howard, 2024) pudiera no ser el trabajo más destacado del director, pero tiene elementos que no pueden pasarse por alto. Por acá, algunos de ellos:
Lo primero es que está basado en hecho reales. Esto juega a favor, por el trasfondo de lo posible; en contra, sin embargo, porque el guion puede dejar la sensación de que el tiempo en pantalla fue insuficiente para dar cuenta de todo lo que sucedió, desarrollar mejor los personajes. El guion estuvo en manos de Noah Pink a quien mejor se le pudiera ubicar por su trabajo en la serie Genius (en cuatro capítulos como guionista y como creador) para el National Geographic.
La historia se desarrolla alrededor de una de las primeras experiencias por habitar una isla en Los Galápagos.
Las interpretaciones, como segundo aspecto. El reparto se compone por personalidades conocidas, pero algunas de ellas exploran rangos actorales hasta ahora desconocidos. Principalmente las actrices, debe decirse. Vanessa Kirby pasa del estoicismo puro al dolor más intenso para colocarse en la indiferencia encarnando a Dora Ritter; Sydney Sweeney, como Margaret Wittmer, logra describir un arco completo de su personaje pasando de una dulce ingenuidad al áspero aspecto de la experiencia ruda. Ana de Armas como La Baronesa ralla, literal, la locura.
La música. Quien está detrás es el alemán Hans Zimmer quien desde la década de los años ochenta del siglo pasado se ha encargado de dotar de alma muchas cintas que son todos unos clásicos y sus tonadas parte de la vida de muchos de nosotros.
El mano a mano
El guionista, Noah Pink, ha explicado la película como una fábula moral. Dice: «Ritterrepresenta la idea de que el propósito de la vida es el dolor; la baronesa, el placer; los Wittmer, la familia. Ver esas tres filosofías chocar es donde ocurrela verdadera tensión».
Eso dice quien escribió la película, pero la trama puede desmenuzarse en muchas más posiciones que colisionan, se acompañan, compiten y se complementan. Este es un acierto, me parece. Plantear que lo más difícil de la vida no está en la precariedad de recursos sino en la mente de las personas que juegan según su interés y dibujan sus estrategias a partir de lo que tienen… pero, sobre todo, de lo que carecen.
El doctor Ritter (personificado por Jude Law), por ejemplo, puede darse el lujo de dictar reglas de comportamiento y recetar cómo la gente debiera comportarse. Así es, en tanto esté él mismo alejado de la sociedad. Porque apenas retoma el contacto con las personas en la isla traiciona sus propias reglas y pierde sus principios por un poco más de comida o por la seguridad de un arma. Harry Wittmer (actuado por Daniel Brühl) decide aislarse de la sociedad alemana, cansado de ver lo peor de la sociedad. Y justo será el quien replique el comportamiento violento, justificando todas las medidas tomadas.
Ahí, en la película, hay más que tres polos en tensión. Hay órdenes que no terminan de acoplarse y reacciones que nos recuerdan qué tan humanos podemos ser.
A ras de lona
En 2014 el asunto se elaboró como documental a cargo de Dayna Goldfine y Dan Geller. Se puede encontrar en YouTube por su título en español: “El caso Galápagos: Satanás llega al Edén”. Ahí, con material de la fuente original, algunas cosas quedan explicadas de mejor manera. Y se ha dicho que el subtítulo influyó en la película de Ron Howard, pues el largometraje iba a llamarse “El origen de las especies”.



