El día que se detuvo a Ovidio Guzmán, un día de parálisis y miedo en Sinaloa, tuvo un costo humano incalculable. Diez elementos patriotas de nuestras fuerzas armadas perdieron la vida en cumplimiento de su deber. Son diez familias que ahora cargan el vacío de un padre ausente, diez mexicanos —lo mejor que nuestro país tiene para ofrecer— que ya no están con nosotros. Además, 35 militares fueron lesionados por armas de fuego, sin mencionar el pánico de familias enteras que vivieron ese día. Lo que está sucediendo es grave, y lo que acontece ahora en una corte de Chicago no es, bajo ninguna circunstancia, un asunto menor.
El hijo del narcotraficante más famoso, quizá, de la historia de la humanidad, Ovidio Guzmán, ha llegado a un acuerdo para colaborar con las autoridades de Estados Unidos. Se ha declarado culpable, y todo parece indicar que «cantará» a cambio de algún acuerdo oscuro con el gobierno estadounidense. Y aquí es donde radica una profunda malinterpretación de lo que esto significa.
El problema no es que Ovidio «cante». Que Ovidio Guzmán diga lo que quiera; eso, en esencia, da igual. Es más, hasta podría ser una buena noticia si su información sirve para desmantelar otras redes criminales. El verdadero problema es el acuerdo al que llegó con los Estados Unidos.
Pensemos por un momento: ¿qué habría pasado si diez militares de las fuerzas especiales del ejército de los Estados Unidos hubieran muerto a manos de Ovidio Guzmán y su corporación criminal? No sé con exactitud lo que habría pasado, pero lo que sí sé es que una situación así jamás se habría permitido.
No nos engañemos con narrativas falaces. El problema no es que Ovidio vaya a hablar sobre AMLO o a decir que Morena es un «narcopartido». Nada de eso ocurrirá. A Ovidio lo detuvo Andrés Manuel López Obrador y el mismo Andrés Manuel lo extraditó a Estados Unidos. Así que, cuando alguien intente convencerte de que AMLO está temblando de miedo, recuerda que esas son meras «chaquetas» del PRIAN, intentos desesperados por desvirtuar la realidad.
El verdadero problema es que Estados Unidos no muestra ningún respeto por las vidas de los mexicanos, ni por las decenas de miles de soldados que se juegan la vida todos los días luchando por nuestra seguridad. Y, quizás peor aún, el problema es que tenemos una oposición con tan poco amor por México que termina haciendo el juego a los intereses extranjeros antes que a los del propio pueblo.
En lugar de respaldar al ejército mexicano, la derecha opta por respaldar la narrativa que favorece a Ovidio Guzmán. Lo utilizan como un simple elemento discursivo para intentar sumar votos, para mentirle a la gente. No entienden —o quizá sí, pero prefieren mentirnos— que aquí hay mucho más en juego.
Está en juego la soberanía de la patria. Se trata de dejar en claro que Estados Unidos no puede hacer lo que quiera con México. Si entregamos a Ovidio a sus autoridades, fue para que lo juzgaran. NO para que pactaran con él a espaldas de la justicia.
Aquí lo que está en juego no son solo unos cuantos votos. Lo que está en juego es la justicia misma para un pueblo que ha sufrido el derrame de sangre de cientos de miles de mexicanos por una guerra que ellos sí iniciaron y, para colmo, lo hicieron con una complicidad criminal innegable. Es hora de defender con firmeza la dignidad y el futuro de nuestra nación.



