Esperé hasta una hora decente por la mañana para comunicarme con algunas de las personas migrantes originarias de Venezuela que viven en Hermosillo desde hace dos años, para saber cómo estaban sus familias, amigos y contactos en Venezuela después de la incursión militar de Estados Unidos a ese país en la madrugada del pasado sábado 3 de enero. Vaya manera de iniciar este 2026.
Platiqué con Ana Paula, una bella venezolana de 30 años que tiene dos años en Hermosillo y estatus de residente permanente. En Venezuela, Ana trabajaba en el área editorial de una universidad, encargada de la publicación de revistas científicas en la plataforma institucional.
—Me encantaba mi trabajo, profe —dijo—, ¡pero imagínese: ganaba 10 dólares al mes!
Sus lindos ojos se abrieron y esbozó una risa de incredulidad.
—Me casé en Venezuela con mi esposo, que es de Sonora, y luego junté dinero para sacar el pasaporte venezolano. Después, en Colombia, fui a la embajada mexicana a sacar la visa para México. La mayoría de los venezolanos no pueden hacer eso, profe, cuesta mucha plata.
Continuó:
—Pura nada me iba a venir cruzando el Darién. Tengo conocidas que lo hicieron y las violaron; les preguntaban: “¿te violo a ti o a tu hija?”, y ellas prefirieron ser violadas.
Le pregunté cómo se sentía con lo que había pasado esa mañana en Venezuela y dijo:
—Feliz, profe. Nadie ha hecho algo por nosotros, los venezolanos. Van y se sientan en la ONU, firman papeles, pero nada pasa, profe. Seguimos igual: no hay comida ni medicinas. Tenemos más de 25 años así. Ahora no me salgan con el rollo —como dicen ustedes los mexicanos— de que Trump va por el petróleo. Tenemos 25 años en los que Cuba, China y Rusia se están llevando el petróleo. ¿O usted cree que hayan ido en busca de la receta de la arepa?
No pude evitar reír.
La frase irónica de Ana Paula es muy potente. El comentario no solo habla de geopolítica, sino de abandono, cinismo internacional y memoria rota. Es una forma de nombrar cómo múltiples potencias han intervenido en el país no por cultura ni solidaridad, sino por intereses estratégicos. La situación en Venezuela propone mirar más allá de los discursos geopolíticos para reflexionar sobre los impactos sociales, políticos, económicos y culturales de esa intervención y, sobre todo, sobre el profundo olvido internacional que atraviesa la experiencia cotidiana venezolana.
La directora del organismo Transparencia Venezuela, Mercedes De Freitas, comentó que lo sustraído de Venezuela hasta 2025, de acuerdo con estimaciones de la organización, supera los 72,340 millones de dólares, una cifra conservadora porque se refiere solo al 60 % de los 173 casos que procesan los sistemas de justicia de 30 países.
Esa cantidad representa nada menos que siete veces las reservas internacionales venezolanas, calculadas a finales de 2024 por el Banco Central de Venezuela en 10,195 millones de dólares.
De acuerdo con los números de Transparencia Venezuela, hasta finales de 2024 hay más de 3,000 empresas vinculadas a este desfalco descomunal, creadas en al menos 73 países.
Además, la organización ha identificado 510 casos de corrupción en los que hay 977 personas investigadas, entre ellas 446 funcionarios y 327 empresarios, además de 33 banqueros. Cuarenta y cinco personas están prófugas.
Mercedes De Freitas recordó que en Venezuela no hay información oficial sobre las economías ilícitas, como el narcotráfico, la explotación ilegal de minerales ni sobre la trata de personas, el contrabando o la extorsión.
Lo anterior tiene su historia. Venezuela ha sido el país más castigado por Estados Unidos y Europa, con cientos de sanciones económicas, congelamiento de activos, robo de recursos naturales —como el oro depositado en Gran Bretaña— e imposibilidad de comerciar libremente, entre otras medidas.
El escritor Fabrizio Mejía invita a remontarnos a la historia de Venezuela para analizar a profundidad el mito de que el régimen bolivariano es el responsable del empobrecimiento de los venezolanos; sostiene, en cambio, que Venezuela es el producto del sabotaje económico realizado principalmente por Estados Unidos.
¿En busca de la receta de la arepa?



