Poco tiempo ha pasado desde que se suscitó el feminicidio de una madre de familia y sus tres hijas de nueve y 11 años en Bahía de Kino. Familiares de las víctimas han pasado desde entonces días y horas largas, sin consuelo y con un dolor profundo que se mezcla con la rabia, impotencia y exigencia de justicia, un llamado que también han realizado diversas colectivas de nuestra ciudad.
Y no es para menos. Esto duele bastante, y nos duele a todas. Lamentablemente, junto con los horribles crímenes, aún queda mucho por hacer para que, desde el fondo, la sacudida golpee tan fuerte a nuestra comunidad que se logre reconocer y llamar a estos hechos por su nombre: feminicidios.
Es importante hablar de feminicidio no solamente porque se cumplen con variables como la cercanía del presunto responsable con las víctimas, sino que, además, al nombrarlo de esa manera se visibiliza la violencia contra las mujeres como un patrón basado en el machismo y la desigualdad.
Necesitamos nombrarlo como feminicidio para romper el silencio y dejar de normalizar la violencia que día a día, aqueja de diversas formas a tantas mujeres en nuestra comunidad, estado y país.
Es imperativo nombrarlo de esa manera porque ello nos permitirá exigir justicia con perspectiva de género, aplicando los protocolos correspondientes y evitando la impunidad. También ayuda a generar una conciencia social, reflexionar y propiciar un cambio cultural tan urgente y necesario en nuestra sociedad.
Nunca debemos olvidar que Margarita y sus hijas Karla, Madeleine y Meredith, fueron asesinadas por ser mujeres y que ésta, es la expresión más extrema de violencia dentro de un sistema que desvaloriza y vuelve invisibles a las mujeres.
Nunca las olvidemos, honremos sus memorias creando un sistema y una comunidad con una estructura tan fuerte y sólida, que garantice realmente una vida plena y libre de violencia para las mujeres. Lo necesitamos con urgencia para ya no gritar: ¡ni una mujer menos, ni una muerte más!
¡Ni una mujer menos, ni una muerte más!



