La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó por amplia mayoría abrir un debate extraordinario sobre la necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a Cuba. La sesión especial se llevó a cabo a petición de La Habana a pesar de la intensa presión diplomática ejercida por la administración de Donald Trump para descarrilar la discusión en el foro internacional.
La moción para abrir el debate obtuvo 136 votos a favor, 9 en contra y 30 abstenciones (con reportes de hasta 40 abstenciones en el conteo final de sala). Si bien el respaldo fue mayoritario, la cifra se ubicó por debajo de los 165 votos a favor registrados en la votación ordinaria de octubre de 2025. El gobierno cubano promovió esta sesión urgente para denunciar el recrudecimiento de las restricciones de la Casa Blanca implementadas desde enero de este año, las cuales calificaron como un «bloqueo naval» y un «cerco energético».
El canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, denunció ante el pleno que Washington mantiene una «guerra multidimensional y no convencional» contra la isla que se ha extendido por casi siete décadas.
La réplica de Estados Unidos estuvo a cargo de su embajador ante la ONU, Mike Waltz, quien negó la existencia legal de un bloqueo y aseguró que las restricciones corresponden a un embargo dirigido a la cúpula gobernante. Waltz cuestionó el manejo de activos por 18 mil millones de dólares del conglomerado militar cubano Gaesa y criticó el estilo de vida de la familia Castro.
Durante el discurso del representante estadounidense, la delegación cubana, encabezada por Rodríguez y el representante permanente Ernesto Soberón, interrumpió la ponencia con golpes en sus escritorios y calificó a Waltz de «mentiroso» cuando este hizo alusión a las protestas civiles de julio de 2021 en la isla. Posteriormente, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, acusó en sus redes sociales a los delegados norteamericanos de recurrir al «cinismo» para intentar sabotear el sufragio internacional.
En el contexto de esta disputa diplomática, Cuba enfrenta una severa crisis interna de infraestructura. El sistema energético de la isla reportó el inicio de una reconexión paulatina tras un apagón nacional que mantuvo a millones de personas a oscuras el día anterior, sin que el servicio se haya restablecido por completo en la totalidad de los hogares.
Durante el debate, México fijó una postura enérgica a través de su representante permanente ante la ONU, Héctor Vasconcelos. El embajador mexicano denunció el impacto social de las sanciones coercitivas bilaterales y exigió el levantamiento inmediato del embargo al señalar que las consecuencias del cerco en la actualidad «comienzan a medirse en vidas».
“Cuando las medidas unilaterales impiden el acceso oportuno a medicamentos, retrasan miles de cirugías o limitan la llegada de asistencia humanitaria, el impacto deja de medirse en simples cifras y comienza a medirse en vidas. Niños y niñas mueren porque los médicos carecen de acceso a suministros”, manifestó Vasconcelos ante el pleno.
El diplomático mexicano recordó que el país ha mantenido una política histórica de no intervención desde la década de los 60, cuando se opuso a la expulsión de Cuba de la Organización de los Estados Americanos (OEA). En este sentido, reiteró que corresponde únicamente a la población de la isla determinar su futuro político y económico sin presiones externas.
Asimismo, en consonancia con las directrices de la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum, Vasconcelos solicitó formalmente que Cuba sea excluida de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo elaborada por el Departamento de Estado de EE. UU., argumentando que dicha designación asfixia las operaciones financieras internacionales del país caribeño. Finalmente, refrendó que México continuará con el envío humanitario de alimentos, insumos y enseres hacia la isla.



