Voces en el viento:
Día ocho en el Ortiz Tirado

28 de enero de 2023

por Río Silba

sobre ciertos eventos que ocurrieron

el 27 de enero de 2023

en Álamos, Sonora

Día nublado y sin viento

¿es este el primer augurio del clímax

antes del desenlace de este festival?

 

Estoy adentro de una librería 

explorando los rincones de esta ciudad 

y se siente 

quizás por los libros que me rodean

la sensación de la nostalgia prematura

a 5 las revistas y 15 los libros de pasta blanda

me dice la mujer que atiende y me explica que todo el dinero recaudado

en la asociación Amigos de educación

forma parte del fondo que beca a estudiantes de preparatoria 

para asistir a la universidad

y yo recuerdo un pasado mío

cuando poco tiempo le dedicaba a leer

como quiero leer ahora 

estos libros que pasan por mis manos

hasta que me decido a comprar uno que cuenta una historia

que nos hace preguntarnos y dudar

por quiénes somos o más aún

por quién decimos ser

ese cuento largo que deja muchas veces de lado

la verdad del constante proceso de cambio y duda

que conforma cualquier identidad.

 

En la alameda el hombre 

que antes había descrito con mirada diabólica y cristalina

me cuenta algo sobre la organización de artistas que se presentaron en este festival:

se le dio más importancia a la convocatoria que a la invitación

y sobre todo 

nos ajustamos a la realidad de los fondos

la voz de Gerardo Peña es dulce y clara

no buscamos que vengan siempre los mismos

queremos que el público conozca y se forme

con nuevos talentos nuevas

propuestas que ahora

cuando la noche ha caído

me dirijo a escuchar.

 

Camino por el río seco

la arena se amolda a mis pasos

entre la completa penumbra

y la nube de polvo que levantan los carros al pasar

sus faros alumbran mi rostro 

que cubro ahora con mi bufanda 

para proteger mis pulmones que ya daño reciben

por el cigarro que fumo 

como si fuera este cilindro cancerígeno 

el único remedio para poder pensar

y por unos segundos todo se calla 

y el sonido del viento acaricia las hojas de los árboles y las palmeras

y se produce un traqueteo rítmico

que muy pronto se funde con el sonido de bajo guitarra y batería de Asian Girl

una banda de Hermosillo que me recuerda de nuevo mis tiempos en la prepa

cuando las ganas de reír, sacudir el cuerpo y destruirme

acallaba la tormentosa búsqueda de mi propio ser

tiempo toma encontrar simetría en mi humanidad pienso

cuando de pronto el rostro de un tipo sale de entre el público

para preguntarme qué escribo en mi libreta

y yo le digo que nada en verdad

garabatos que me permiten más tarde evocar elementos en un poema

y luego él me pregunta por mi edad y yo por la suya

tiene 28 años

pero me doy cuenta que los números muestran también incongruencias

por la forma en que comienza a hablar sobre una mujer del público

con quien fantasea algún romance o quizás

un pleno encuentro carnal

y su constante planeación sobre qué decir lo acobarda

y me dice que lleva mucho tiempo soltero.

Ah, la soledad

exigente carrera de largo aliento

que intento mantener

por eso me alejo nuevamente en el garabateo de cosas en mi libreta

para más adelante recordar mejor el escenario de las Delicias

esa casa embrujada de columnas dóricas 

que ahora veo desde de la oscuridad lejana de los baños portátiles

incendiarse con la luz de los reflectores mientras la música la hace resonar.

Es así como Álamos y sus lugares de otros siglos

se convierten en cedes para la música 

y el humor de la chica asiática

como la banda de pronto se hace llamar

dice cosas como 

qué chingón se siente ser el payasito de la fiesta

y a mi espalda llaman los fantasmas

y los perros no dejan de jugar en el pasto

y en las calles la gente grita ¡shot shot shot!

y el sonido de las latas golpeando el empedrado no deja de sonar

porque ya es viernes y otra vez Álamos se ha llenado de adolescentes

en su eterna búsqueda de entretenimiento

mientras la gente sale del palacio, de la gala

la sociedad y sus delirios

y en la Alameda 

Cinthya Morado se muestra relajada

y pregunta al público si alguien ha sido alguna vez víctima del autosabotaje

y yo grito ¡sí, a cada rato!

y ella nos dedica una canción

que canta sobre la vida como la viven los gatos

esa liviandad carente de sueños y metas

que permite simplemente tirarse a descansar

y yo me acoplo 

y abro una lata de cerveza

y me siento a descansar mis pies adoloridos

me pongo a ver a la gente que pasa por la Alameda

solo eso hago

siento todo a mi alrededor

como siente la piedra de un río su caudal

y mi mente se llena poco a poco de su afluencia

voces y voces y voces

en la histeria del penúltimo día de esta fiesta

donde los cimientos de una ciudad entera se sacuden 

por la música y los pasos que llegan

uno tras otro

llenando el espacio

con sugerencias sobre cosas que no termino de contar.

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