En un mensaje emitido desde la Casa Blanca, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acusó directamente a China de perpetrar el robo de 220 millones de registros de votantes estadounidenses durante las elecciones de 2020, describiendo el suceso como «la mayor filtración de datos electorales de la historia». El mandatario federal detalló que la información vulnerada abarca nombres de ciudadanos, domicilios, números de teléfono, afiliaciones políticas y otros datos de carácter personal recolectados en los padrones de votación.
Trump argumentó que documentos de inteligencia recientemente desclasificados comprueban que el gobierno chino estableció un departamento especializado para sustraer dicha información. Asimismo, señaló a sectores de las agencias de seguridad e inteligencia de su propio país, pertenecientes al denominado «Estado profundo», de haber ocultado deliberadamente el alcance de la presunta infiltración extranjera.
La acusación presidencial sostiene que los servicios de inteligencia detectaron desde 2020 que Beijing obtuvo y vulneró bases de datos de electores en por lo menos 18 entidades del país. Según el mandatario, informes de la CIA documentan que el Partido Comunista de China estructuró desde el año 2018 una estrategia orientada a interferir tanto en los comicios legislativos de medio término como en la contienda presidencial de 2020, lo que calificó como una afectación crítica a la seguridad democrática de la nación.
Por otra parte, el jefe de Estado arremetió contra cadenas de televisión como ABC y NBC debido a que decidieron no transmitir su discurso de forma completa. El presidente acusó a dichos medios de participar activamente en un esquema de encubrimiento de información y planteó la posibilidad de revocarles las concesiones que les permiten transmitir en el espectro público.
En respuesta a los señalamientos, el gobierno de China negó categóricamente las afirmaciones. Un portavoz de la sede diplomática de China en territorio estadounidense enfatizó que su país mantiene una política de no injerencia y que jamás ha interferido ni interferirá en los procesos electorales de Estados Unidos.
De igual manera, el reporte oficial no clasificado de la comunidad de inteligencia norteamericana, publicado originalmente en 2021 bajo la gestión de John Ratcliffe —quien fungía entonces como director de Inteligencia Nacional en el primer gobierno de Trump y actualmente encabeza la CIA—, determinó que no existieron pruebas o indicios de que gobiernos extranjeros manipularan los componentes técnicos del proceso electoral de 2020. Esta evaluación confirmó que no hubo alteración en los registros de votantes, las boletas físicas, la contabilidad de los sufragios ni el resultado final.
Las declaraciones recientes del presidente contrastan también con las revisiones técnicas, auditorías estatales y los fallos de más de 60 recursos jurídicos presentados por su equipo legal y simpatizantes tras los comicios, los cuales fueron desechados por falta de pruebas de un fraude electoral generalizado.



