Sentados alrededor de su padre, cinco jóvenes reciben la noticia.
“Tenemos que aprovechar el éxito de Michael. Porque la familia Jackson es la marca. Es nuestra Coca-Cola, ¡y tenemos que empezar a vender! Así que estoy planeando una gira internacional. ¡Esto es solo el principio!”, habría dicho Joe. “Necesito pensarlo”, contestó Michael, quien recién ha iniciado su carrera como solista y esa gira le significaría una pausa a su proyecto personal. Sorprendido, el patriarca le grita: “Yo te digo qué pensar”.
La gira se realizaría meses después. Como hasta entonces, era la voluntad del papá la que prevalecía y él estaba decido a exprimir a sus hijos, su talento natural forjado bajo su férrea disciplina.
En ese marco fue que se grabó un comercial para la marca Pepsi y un accidente con pirotecnia mandó a Michael semanas a cuidados intensivos. Fue un punto de quiebre: la separación definitiva de su papá y hasta entonces representante y el inicio de una adicción a los calmantes para contrarrestar las secuelas del accidente y que finalmente terminarían con su vida.
Técnicos o rudos
Un presupuesto final cercano a los 200 millones de dólares y el hecho de que prácticamente logró triplicar esa cifra en ganancias en apenas un mes, “Michael” (Antoine Fuqua, 2026) se ha vuelto un fenómeno este año. Cuenta una historia empaquetada y presentada como la vida del cantante, compositor, productor y un largo etcétera.
A destacarse el trabajo en el guion, a cargo de John Logan a quien debemos piezas importantes como “Gladiador” (Ridley Scott, 2000), “El aviador” (Martin Scorsese, 2007) y un par de películas de James Bond: “Skyfall” (Sam Mendes, 2012) y “Spectre” (también de Sam Mendes, 2015).
La película incluye apenas un par de décadas en la vida del Michael Jackson, enfatizando un acenso en solitario y a contracorriente, más a manera de epopeya que de biografía. Y si bien el periodo seleccionado es principalmente de ascenso, en los diálogos se dejan establecidas las razones que justificarían lo que después fue la caída del artista. Así, en la escritura de la película, Logan limpia el camino de la leyenda sin que se extrañen en demasía los huecos en la trama.
En la película no se dice nada, por ejemple, de Donna Summer ni de Elizabeth Taylor, relaciones que sí debieron estar presentes en la época que recupera el “biopic”. Una de las hermanas, Janet, ni aparece dentro de la familia. Pero quien disfruta la película pasa los minutos, las horas, al ritmo de los éxitos ya interiorizados en la cultura popular desde el último tercio del siglo pasado.
Por cierto, la hija de Michael, Paris Jackson, lo dijo en sus redes: “la película está dirigida a una sección muy específica de los fans de mi padre que todavía viven en esa fantasía… Estas biografías son Hollywood. Es un mundo de fantasía. No es real, pero te lo venden como si lo fuera… la historia está controlada, hay muchas inexactitudes y muchas mentiras directamente”.
El mano a mano
La narrativa de “Michael” se construyó para rendir tributo y no para dar cuenta de la vida real de la persona ni del artista. Es, para decirlo en breve, una colección de buenos momentos hilvanados para confeccionar una travesía heroica y de superación, vistos desde la lente de la bondad.
Justo por ello es un excelente ejemplo del poder del cine. No es un documental ni retrata hechos; elabora cuentos y los comunica exitosamente en públicos exponenciales.
Al ser un producto de consumo masivo, sobra quienes asumirán la versión ahí relatada como la verdadera. Para esas personas, sencillamente no cabría la posibilidad de contrastar lo visto en la pantalla con lo reportado en diarios, libros o expedientes judiciales. Y es que para ellas tampoco es que hacerlo sea necesario.
Así, en un par de horas, una producción cinematográfica puede reconstruir vidas y asegurarles un lugar digno en la historia. Las escenas suplantan la realidad, logrando que un guion corrija rasgos humanos que son, por naturaleza, imperfectos. Un par de horas purifican la vida y sintonizan lo cotidiano del pasado con lo esperado del presente.
Bajo ese poder del celuloide, lo que menos importan es si una persona fue buena o mala. En ese mundo solo hay lugar para quienes, a juicios de algunos, deben ser recordados y tienen los medios para armar la historia.
Y sobre ellos, la selección de lo que se quiere recordar, bajo iluminación cuidada y diálogos cocinados a fuego lento. Nada de verdad, solo intención. Pero en esto podría no haber demasiada novedad: la historia —siempre se ha dicho—, ha sido escrita por quienes ganaron la disputa.
A ras de lona
Dos productos, en un solo año, dan cuenta de relación entre el cantautor y el cine. Hay un cortometraje llamado “Capitán EO” protagonizada por Jackson; fue producido por George Lucas —el mismo de Star Wars— y dirigido por Francis Ford Coppola, a quien mejor se le recuerda por su participación en la saga de “El Padrino” o “Apocalipsis Ahora”. El video de la canción Bad —que, en su versión completa, dura 18 minutos siendo considerando también un cortometraje— fue dirigido por Martin Scorsese, director de obras maestras como “Buenos Muchachos”, “Pandillas de Nueva York”, “Infiltrados”. Ese año en que todo sucedió fue 1986.



