Cercano el Día del Padre, la maestra solicitó a cada estudiante compartir la experiencia más importante que tuvieran a lado de su papá. Usan equipo de video para grabar, el momento podría servir como regalo: parece una tarea sencilla y hasta loable.
Toca el turno de Roberta, quien se coloca frente a la cámara. Detrás de ella, como escenario, un pizarrón tiene recortes, fotografías y banderines alusivos a la festividad. Ella toma aire y dice que un día, en la tienda, se encontró con su papá… pero iba él con otra familia. Fin de mensaje, ese su mejor recuerdo.
Con la honestidad por delante, Roberta cumplió con la tarea. En la escuela, aquello era uno de los muchos tragos amargos diarios; pero era en casa donde otros problemas debían resolverse pronto.
Técnicos o rudos
Con fuertes elementos autobiográficos, Mayra Hermosillo escribió y dirigió “Vainilla”.
Estrenada en 2025, el trabajo entrelaza las historias de las mujeres y niñas que viven en una casa que pronto será desalojada; flotando a contracorriente, las protagonistas sacan fuerza de donde menos se sospecha y, poco a poco, nos ayudan a comprender cómo la unidad también se logra entre personas comunes: incompletas, imperfectas, con dudas.
En el extremo opuesto de las cintas que nos permiten olvidar la realidad por algunos minutos, “Vainilla” revive escenarios, historias y dinámicas familiares que parecen muy conocidas o, incluso, propias para quienes cruzamos la infancia en la década de los años ochenta. Ahí, en las historias que se tejen, resuena cómo se veía y se escuchaba la vida hace unas tres décadas.
La profundidad de los personajes es impresionante. En pocas líneas, en pocas escenas, se puede sentir el peso de los años, de lo que ha sucedido fuera del episodio vital que retrata la película. O, en el caso de las menores, se entiende cómo van abriéndose paso, descubriendo y construyéndose. “Vainilla” se estreno dentro del Festival de Cine de Venecia. Ahí se llevó el premio en la categoría “Mejor guion”.
Todo en la película recuerda aquellos años. Los programas vistos en televisión, la relación por teléfono con locutores de radio, las lámparas, las cámaras, los copetes y las faldas. Qué buen trabajo se hizo en recrear aquel tiempo.
Si bien “Vainilla” puede entenderse como la ópera prima de Mayra Hermosillo en guion y dirección, a ella se le puede ubicar también por su trabajo como actriz: por ejemplo, por su papel como Enedina Arellano —fundadora del Cártel de Tijuana— en las temporadas 2 y 3 de “Narcos: México”, dramatización del ecosistema del crimen organizado nacional marca Netflix.
El mano a mano
Quiero explorar la participación de dos personajes que, tal vez, ni a secundarios llegan: la maestra y el abogado.
¿Por qué? Si bien es cierto que lo grande de la película sucede en otras partes de la trama, me centro en ellos pues comparten una característica: su participación, en apariencia tangencial, les viene de su trabajo a nombre del Estado.
La maestra, por supuesto, en el tema educativo. Puede ella pensar que cumple al desarrollar lo programado, pero lo hace sin considerar las características de su grupo, sus historias particulares: ¿cómo pedirle, a una personita de ocho años, escudriñar entre los recuerdos de la ausencia? Los sistemas tienden a la eficiencia y eso supone la generalización; pero es en los detalles donde, como se dice, está el demonio. Por eso, la escuela era un infierno para Roberta.
El abogado funciona como catalizador y bisagra. Como extensión de los tribunales apresura o detiene, a conveniencia, las decisiones del poder. Tiene una posición semi privilegiada que funciona según la coyuntura: acepta sobornos sin comprometerse a resolver, sabe que su palabra no le alcanza, como tampoco le alcanza la ética personal para desempeñarse con rectitud.
Dos personajes muy menores, tanto que ni el nombre se menciona; pero de tangencial nada. Así la vida, decidiéndose sobre puros talones de Aquiles.
A ras de lona
En un esfuerzo compartido entre El Colegio de Sonora y Cineteca Sonora, el pasado 25 de junio se presentó “Vainilla” en la capital del estado, oportunidad única pues no ha llegado a salas comerciales.
Al final de la proyección se sostuvo un breve diálogo entre quienes asistieron y la actriz María Castellá, quien personifica a Alicia mamá de Roberta. Gracias a quienes hicieron esto posible: las personas son quienes mueven a las instituciones.



