La necesidad de regular el uso de las redes sociales de niñas y niños se ha convertido en una agenda política cada vez más relevante a nivel mundial, debido a su impacto en el desarrollo saludable de la infancia y la adolescencia, así como a los riesgos relacionados con la seguridad y la salud mental.
En México, los datos de la Encuesta Nacional de Consumo de Contenidos Audiovisuales 2024, realizada por el Instituto Federal de Telecomunicaciones, revelan que el 91% de los niños y niñas declaran utilizar internet. Además, el 74% de ellos emplea alguna red social, siendo TikTok la plataforma más popular, con un 71% de uso, seguida de YouTube, con un 59%, y WhatsApp, con un 41%.
Estas cifras aunadas a los datos obtenidos a través del Estudio Nacional sobre la violencia digital contra la niñez realizado por la UNAM, nos alertan sobre el aumento en la incidencia de tipos de violencia como el ciberacoso, sexting, grooming, shaming, así como delitos más graves como la trata de personas y la pornografía infantil. Todos estos representan un riesgo muy serio para nuestras infancias.
Si bien es cierto que en la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes se reconoce el derecho de acceso a las tecnologías de la información y la comunicación, este derecho es interdependiente a otros derechos fundamentales. Como el derecho a una vida libre de violencia, a la integridad personal, a la intimidad y a un sano desarrollo integral. Por lo que, en un contexto social de alta conectividad a internet, es impostergable tomar acción para garantizarles condiciones de seguridad.
Aunque en el país ya se analizan algunas iniciativas legislativas relacionadas con este tema y es de gran interés para las organizaciones dedicadas a la protección de los derechos humanos, no es necesario esperar a una prohibición o regulación explícita para reflexionar: ¿Cuándo es el momento adecuado para que nuestras hijas e hijos se acerquen a las redes sociales? ¿De qué se nutren nuestras niñas y niños en estas plataformas?.
La crianza en tiempos digitales va mucho más allá del uso de herramientas de control parental. Teniendo en cuenta que nuestros hijos e hijas aprenden más de lo que hacemos que de lo que les decimos, sería absurdo pedirles que regulen aspectos que nosotros mismos no podemos controlar. La manera en que navegamos en internet y los mensajes que les transmitimos a través de nuestro comportamiento son fundamentales para educarlos con el ejemplo y guiarlos de manera responsable en el uso de las redes sociales.



