La última noche de agosto sería la fecha en que la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión sesionaría para designar la nueva integración de su mesa directiva, que entraría en funciones este primero de septiembre; sin embargo, aún no hay acuerdo. Por ello, continuarán en funciones quienes se han desempeñado durante el primer año legislativo.
Este hecho, sumado a los gritos y golpes de la última sesión de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, serán el marco en el que el Poder Legislativo recibirá el primer informe de gobierno de la Presidenta de la República. También, ante estas autoridades, rendirán protesta 881 personas juzgadoras electas en el primer proceso electoral judicial.
Hacer votos, como lo hicieron la y los representantes de las bancadas de la Cámara, por el respeto a la legalidad, la pluralidad y la garantía de condiciones de gobernabilidad no son suficientes si no se materializan en acuerdos que, más allá del encono político, permitan que nuestro país avance hacia lo verdaderamente importante.
Es evidente que estos conflictos políticos no representan los intereses ni las aspiraciones de las familias mexicanas, quienes buscamos mejores condiciones de vida y esperamos la garantía irrestricta de nuestros derechos humanos; agendas que deben ser la brújula del próximo año legislativo.
Considero que, independientemente de nuestras posiciones políticas e incluso de quienes muestran indiferencia hacia la política, cada persona debe asumir, en lo individual, el compromiso de hacer lo que le corresponde para cerrar filas en favor de nuestro país. Con mucha más razón quienes se desempeñan en un cargo público.
Las próximas presidentas de la mesa directiva, tanto del Senado como de la Cámara de Diputados (que habrán de ser mujeres por principio de paridad y alternancia), tendrán la gran responsabilidad de encausar el debate político y acompañar a nuestra Presidenta a enfrentar los desafíos globales y superar los retos cotidianos que surgen del ciclo de polarización en el que nos encontramos inmersos.
Este es el mejor momento, para que el liderazgo político de las mujeres se distinga por nuevas formas de hacer política y se despoje de vicios arcaicos y machistas como la violencia.



