El primero de septiembre es la fecha oficial de regreso a clases establecida por la Secretaría de Educación Pública para la educación básica en nuestro país. El próximo lunes, alrededor de 130 mil estudiantes volverán a las aulas de preescolar, primaria y secundaria en nuestro estado.
Las vacaciones de verano, que para las niñas y niños quizá fueron “insuficientes”, representaron un reto enorme para miles de familias trabajadoras, que debieron enfrentar el desafío del cuidado de niñas y niños; sorteando este largo periodo vacacional a través de campamentos de verano, del cuidado brindado por la familia extensa, y en muchos casos, dejándoles en casa sin supervisión.
La inversión y los riesgos que implica gestionar el cuidado de niñas y niños durante el periodo vacacional son, sin duda, una agenda pendiente que debería formar parte del Sistema Nacional de Cuidados. El impacto económico en las familias que deben contratar espacios educativos alternativos y el riesgo asociado a la falta de supervisión son aspectos de gran relevancia para garantizar el sano desarrollo de las infancias en nuestro país.
Con la cuenta regresiva para volver a clases, nos encontramos ante nuevos desafíos. Basta recorrer el centro de la ciudad para ver a cientos de familias intentando completar las listas de útiles escolares. Si algo compartimos los mexicanos en la crianza es el anhelo de que nuestras hijas e hijos vivan mejor, y eso, sin duda, pasa por brindarles las mejores condiciones posibles para recibir educación dentro de nuestras posibilidades.
Considero que, a pesar de la presión económica que estas fechas implican y del desmedido consumismo propiciado por las redes sociales, es un buen momento para reflexionar sobre aquello que necesitaremos y que no necesariamente figura en la lista escolar; cosas que, como dice el anuncio publicitario, “el dinero no puede comprar”.
En el próximo ciclo escolar necesitaremos reforzar nuestra paciencia para que los gritos no lleguen antes del desayuno, la prudencia para que el caos víal no cobre la vida de ninguna persona, el compromiso y el amor para acompañar a nuestras niñas y niños para que ninguna calificación sea más importante que su tranquilidad. Para que la escuela, con la ayuda de todos y todas, sea un espacio seguro para nuestras infancias.



