Victor S. Peña
El capitán Ross, actuando como la parte acusadora, se acerca al soldado Barnes. Están en un juzgado militar para tratar de entender cómo es que el cabo Santiago perdió la vida. Barnes ha dicho se trató de un “código rojo”, así le llaman a una medida acostumbrada para mejorar la disciplina, para incrementar la obediencia.
Ross le entrega la “Guía para el Entrenamiento de Infantería del Gobierno de los Estados Unidos”. Es una estrategia para revirar el dicho del soldado. Le pide ubicar la página donde se describa eso de los “códigos rojos”. Barnes contesta: eso no existe en ese documento. ¿El punto? Ross quiere dejar en claro que en un ambiente altamente disciplinado como lo es el militar no puede existir alguna medida disciplinar si no está contemplada en las reglas.
La defensa, a quien le interesa se sostenga la existencia del “código rojo”, reacciona. Con el mismo documento, le pide a Barnes ubique la página donde se describa cómo llegar al comedor de la base militar. Eso tampoco está. ¿Es que no ha comido en la base?, ironiza el abogado defensor. Claro que sí, responde. ¿Y cómo supo dónde hacerlo? Siguiendo a los demás.
¿Qué busca sostener la defensa? Que aun en esos ambientes de alta disciplina, hay espacios para las costumbres, la discrecionalidad y las prácticas fuera de las reglas.
Técnicos o rudos
“Cuestión de honor” (Rob Reiner, 1992) es un drama judicial alrededor de la muerte del soldado William Santiago a manos de dos de sus compañeros. Está basada en la obra de teatro “A few good men” y esta, a su vez, inspirada en un conjunto de situaciones ocurridas en la base de Guantánamo (Cuba).
A nivel de guion, es una película que se apoya en monólogos intensos e inteligentes. Uno de los más estudiados se ubica en el tercer acto, cuando el coronel Nathan R. Jessup (Jack Nicholson) está rindiendo testimonio. Responde las preguntas del defensor Daniel Kaffee (Tom Cruise), quien busca la verdad aun cuando —por el dicho de Jessup— no puede soportar esa verdad.
Se dice que esta escena quedó tan bien porque se grabó en una sola toma, inmortalizando representaciones memorables y reacciones naturales de Jack Nicholson y Tom Cruise.
Al guionista no hay que perderlo de vista. Su trayectoria pasa por el teatro, el cine y la televisión; va y viene con naturalidad y destacando en cada frase que construye. Se llama Aaron Sorkin. En cine, ha ganado un Óscar, tres Globos de Oro, un BAFTA; en nominaciones, triplica el número. Tan apasionado es de su trabajo que, se dice, le ha costado un matrimonio y varias adicciones a sustancias de diversos tipos.
De su participación en “Cuestión de honor” se refiere, como anécdota, que un ejecutivo de la película le insistió hasta el cansancio que debía modificar la historia para incluir una escena donde Demi Moore apareciera en una escena íntima con Tom Cruise: “¿Para qué diablos, si no, estaría ella en esta película”, le diría? La respuesta que le consignan a Sorkin es: “Las mujeres tienen muchos más talentos y más propósitos que ese tan básico que pretendes”.
El mano a mano
Eso de “código rojo” refiere un incidente de finales de la década de los años ochenta y una corte marcial realizada contra diez soldados de la Marina estadounidense. Un poco como sucede en la película, se aplica la medida extralegal contra un soldado. La hermana de Aaron Sorkin fungió como abogada y fue quien le contó algunos detalles que después el guionista reelaboró como ficción.
De los diez acusados, siete negociaron su salida sin aceptar la existencia del “código rojo”. De los restantes, uno destaca: David Cox basó su defensa en el argumento de que seguía órdenes directas de su superior por lo que recibió un castigo menor.
La película habla sobre el honor, la sobrevivencia, la ética y la justicia. Se construye también contraponiendo al poderoso frente al débil, la convivencia de las reglas junto con las costumbres. También habla de la obediencia ciega, representada acá como el “código rojo”, donde las personas en el servicio público pierden perspectiva: hacer bien su trabajo significa tomar buenas decisiones o decidir obediencia con respecto a sus jefes.
Por cierto, aquél “marine” en el que se basó todo el asunto, David Cox, desapareció por unos meses a los dos años de estrenada la película. Ya solo encontraron restos del cuerpo, fue ejecutado. Las razones siguen siendo un misterio.
A ras de lona
Es probable que conozcas al director de la película, pero en su faceta de actor. ¿Recuerdas “El Lobo de Wall Street” (Martin Scorsese, 2013)? Personifica al papá de Jordan Belfort, interpretado por Leonardo DiCaprio. Es una de las escenas más graciosas: donde explica se explica que el papá podía pasar de la rabia a un perfecto y educado acento inglés en segundos.
Como padre, pero en la vida real, tal vez lo ubiques porque a finales del año 2025 se conoció la terrible noticia de que había asesinado, junto con su esposa, por el hijo de ambos. Puras malas noticias.



