Por Jeannete Arrizón
El cuádruple feminicidio que cobró la vida de tres niñas y su madre en el Poblado Miguel Alemán conmocionó este fin de semana al Estado de Sonora; la imagen desgarradora de un último abrazo frente a la violencia nos muestra una vez más, que seguimos llegando tarde.
Estos hechos, por sí solos, son muy dolorosos y suficientes para encender todas las alarmas; pero la realidad es que no son ajenos a los datos estadísticos a los que pareciera que nos hemos acostumbrado.
En México, la Encuesta Nacional sobre la dinámica de las relaciones en los hogares (ENDIREH) es la principal fuente de información sobre las experiencias de violencia que viven las mujeres; los últimos resultados publicados en 2021 nos muestran que en el Estado de Sonora han aumentado todos los tipos de violencia en relación con los datos obtenidos en 2016.
Nuestra realidad sigue siendo la de un país que tolera los matrimonios infantiles, que es ineficaz previniendo los embarazos de las niñas y las adolescentes y que no logra contener la violencia que se padece dentro de nuestras familias; donde se absuelven las denuncias de trata y pederastia en los más altos niveles de la clase política y quienes gobiernan se limitan a “unirse a las condolencias” sin asumir el duro golpe de realidad que pone en duda cualquier estrategia de gobierno.
Ante tragedias como esta, es impostergable cuestionarnos si los esfuerzos por erradicar la violencia contra las mujeres y las infancias están dando resultados; este debe ser el mejor momento para ajustar la brújula y afinar con precisión las acciones que deben continuar y las que debemos replantearnos.
Sería irresponsable, desde los gobiernos, seguir pensando en “manejo de crisis mediática” esperando que baje la indignación social. Estos hechos demuestran una vez más, la validez de nuestras convicciones ante la urgencia de materializar el interés superior de la niñez y el derecho de las mujeres y las niñas de vivir una vida libre de violencia.



